Capítulo 21

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—¿Señor Harris?

Alzó la vista por encima del armazón negro y la miró. Toda la clase centró su atención en ella, no sin antes hacer muecas o poner los ojos en blanco.

 —¿Es posible que el romance en el mundo literario esté perdido por completo?

 —No —se subió los lentes, mirándola fijamente—, solo ha evolucionado. Difícilmente se han creado libros actuales con la calidad romántica como Orgullo y Prejuicio o igual de tormentosos como Romeo y Julieta. Los héroes románticos más básicos por lo general pertenecen al continente europeo, lugar cumbre del romanticismo aunque sea dentro de un contexto diferente.

El resto de la clase tomaba nota mientras Emma le sonreía con el afán de provocarlo. Estaban por cumplir el primer mes de relación él le echó una rápida mirada a la clase para percatarse de que nadie lo viera y le guiñó un ojo. Volvió la mirada al libro cuando la cabeza de Leung Stephens fue el primero en levantarse.

 —Y bien, señorita Greenwood —dijo cuando quedaron solos en el salón—. Espero que acepte mi invitación a cenar esta noche.

 —Claro —le sonrió mientras terminaba de guardar sus cosas—. Estaré con Lexi esta tarde y en tu casa a las ocho. ¿De acuerdo?

Le sonrió de oreja a oreja.

 —Es una cena elegante.

Emma puso los ojos en blanco y se contuvo las ganas de besarlo para salir del salón. Últimamente habían estado mucho tiempo juntos, lo cual era un error vital. No podrían demostrar demasiada camaradería en público, porque eso levantaría hasta la mínima sospecha.

Sus amigos estaban esperando sobre Main Street.

 —Pensamos que nunca vendrías —se quejó Patrick.

—No exageres, aquí estoy.

—Esta noche Deborah, la novia de Leung, dará una fiesta en su departamento —dijo Lexi—. Deberíamos ir.

—Si es que no te molesta que sea la novia... —insinuó él con malicia.

Aquello le molestó.

 —¿Como por qué ha de molestarme? Lo de Leung y yo fue hace tiempo. Qué ridículo eres, Patrick.

El interpelado refunfuñó.

—Parecerá raro, pero extraño a mi amiga fiestera —intervino Lexi—. Extraño ser tu niñera.

—No tengo ánimos de ir a fiestas —Emma se encogió de hombros—. Tal vez en otra ocasión.

—Pero no puede ser. Emma jamás rechazaría una fiesta y aparte el semestre casi ha terminado. Todos se van a marchar para el Día de Acción de Gracias. Me voy a Atlanta a pasarlo con mi familia, de modo que esta vez no iré a la fiesta de Hanover. Te echaré de menos.

—Corazón, no te preocupes. Te prometo que el día de mañana iremos a Montpelier y te invito a comer. Pero hoy no puedo.

Lexi la fulminó con la mirada.

 —A ver qué haces con eso —masculló Patrick haciendo referencia al enfado de Lexi y se marchó con aire malicioso. Estaba más que claro que no podía seguir ocultándole la verdad a su mejor amiga. El pánico la abrumó. ¿Cómo se suponía que debía decirle que mantenía una relación con el profesor nuevo y peor aún, se había enamorado de él?

Emma suspiró y se sentó junto a ella, dejando la mochila en el suelo junto a sus pies.

—No he sido honesta contigo —empezó al cabo de un minuto de intenso silencio—. Y lo lamento. No es fácil lo que voy a contarte, pero es que... han pasado tantas cosas...

El amor que construimosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora