Me preparo para la interesante tarde. Tomo asiento en el escritorio y, frente a mi espejo, me maquillo un poco. Un delineado, mascara de pestañas, labial y el resto de mi típica rutina. Me pongo un buen outfit, acompañado de algunos accesorios también.
—¿Nos vamos, muchacho? —le digo a Oliver, a lo que da unas vueltitas y se acerca. Le pongo el collar de púas y engancho su correa.
Bajo las escaleras y me paso por el comedor para saludar.
—¿Te vas, Brid? —me pregunta la abuela Mar.
—Sí. —Me acerco para darle un abrazo rápido—. Vuelvo en un rato. ¿Puedes avisarle a mamá?
—Claro. Que te la pases bien.
—Gracias, abue. ¡Adiós!
Salgo por la puerta, entusiasmada. Me detengo en la acera y me pongo los auriculares para escuchar un poco de música en Spotify. Comienzo con «R U Mine?» de Arctic Monkeys, y doy inicio a mi caminata.
Según las indicaciones, debo seguir por la misma calle durante un rato hasta toparme con la entrada al bosque. La zona está desolada, lo cual es extraño, contando que el centro del pueblo se veía bastante concurrido ayer.
Me dedico a disfrutar un poco el momento. Oli va relajado, olfateando todo, compartiéndome un poco de esa serenidad.
Luego de unos diez minutos, las casas empiezan a escasear, a desaparecer dejando solo el camino que sigue adelante. Miro con atención a mi alrededor, los arboles altos decoran todo el panorama sobre mi cabeza. Y las hojas, la tierra húmeda y las ramas decoran el suelo. Huele a humedad.
Llego hasta el famoso cartel. Resulta ser de madera oscura con letras en blanco. Leo las indicaciones, que son pocas pero claras, y sigo andando. Al parecer, si sigo derecho y tomo el camino de la izquierda, llegaría a la biblioteca. Así que lo hago.
Me quedo boquiabierta cuando, al pasar unos cinco minutos de camino, diviso una edificación grande, de dos pisos, con estilo gótico y antiguo. ¡Amo el estilo gótico! Además tiene unas paredes gruesas, recubiertas de musgo y enredaderas.
—Que hermoso —murmuro mientras me quito los auriculares—. Mira eso —le digo a mi perro, que me presta atención de inmediato con la cabeza ladeada.
Nos acercamos rápidamente al frente, donde está la entrada, con una emoción que se derrumba más rápido de lo que llegó. Me quedo paralizada en medio del camino cuando veo un grupo de varios adolescentes, cercanos a mi edad, charlando y dispersos en los bancos de madera cerca de la puerta.
Son alrededor de diez, y no esperaba encontrármelos en absoluto. Doy un suspiro para seguir avanzando, porque se supone que no tiene que importarme. El problema es que sus voces y risas se escuchan hasta Narnia, y no me apetece leer con esos ruidos de fondo.
A medida que me acerco, más miradas me robo. Cuando llego a la entrada, todos están analizándome de pies a cabeza, plenamente callados. Los ignoro, en verdad no me interesan; abro la puerta y me meto en el lugar.
El aroma a libro me llena los pulmones.
Dentro es aún mejor, con un espacio inmenso en el centro lleno de sofás de terciopelo y mesas de café. Estanterías oscuras y gastadas al final, decoradas con detalles dorados, organizadas por géneros literarios. El espacio se ilumina por la propia luz que entra por las gigantes ventanas de los costados, y el hueco circular que hay en el techo da al piso de arriba.
Oliver mueve la cola desesperadamente y tira de su correa para avanzar, pero lo detengo para tranquilizarlo, porque el resto de los chicos y chicas que están ahí se sorprenden de su presencia. Se supone que no debería haber entrado con él, pero no voy a dejarlo afuera. Es mi compañero, donde voy yo, va él.
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OSCURO GÉNESIS
FantastikBridget Wilson tiene un único propósito este verano: desconectar de los problemas que la separación de sus padres le lanzó encima, y supervisar que su madre sane su marchitado corazón. Con eso en mente, ambas viajan desde Toronto hasta Nelson, Colu...
