Vemos a las personas en su burbuja, en sus rutinas, apartadas del resto para entenderse a sí mismas, y suponemos que están corriendo una carrera perfecta acerca de su bienestar y salud mental. Suponemos que están a pocos pasos de convertir su ser en lo que siempre desearon. Nuestro cerebro relaciona sonrisas, anécdotas entretenidas y actividades creativas a una sola palabra: felicidad. Pero, si tenemos la oportunidad de cuestionarnos la factibilidad de esa asociación, ¿por qué no lo hacemos? ¿Por qué damos por hecho lo que vemos sin preguntar lo que se siente?
Dieron por hecho que yo sobrellevaba perfectamente la separación de papá y mamá porque no pudieron verme llorar por horas en el piso del baño, abrazada a Oliver. No pudieron escuchar mis pensamientos invasivos. Nadie más que yo se esforzó en salir de las profundidades oscuras, por ende nadie se percató de lo rota que estaba la Bridget Wilson que ahora descansa en mi pasado.
Nadie me preguntó que necesitaba para sonreír sin esforzarme, qué quería gritar en medio de un acantilado para que el viento se lo lleve. Nadie. Sin embargo, yo tampoco lo hice. No le pregunté a mamá porqué se alejó de mí, porqué se la pasaba encerrada en su habitación días enteros.
Supuse.
Supuse que todo iba bien, que necesitaba su espacio. ¡Y se lo di! Creí que saliendo de su vida un tiempo le daría la oportunidad de estar plenamente conectada a ella misma, disfrutando de la motivación que un desamor le quitó.
«El amor es basura».
Mamá y papá dejaron de amarse hace ya unos largos meses, sufrí por eso, ellos sufrieron mucho más. De todos modos, jamás hubiese pensado que el amor es basura. Puedo tener miedo de sentirme cómoda con alguien, miedo a confirmar lo que Pierre me produce, miedo a aceptarlo a él en mi vida. Miedo. Pero ¿odio? Mamá se llenó de odio cuando creí que se llenaría del amor que le faltaba.
Del amor que le falta.
Retengo las lágrimas mientras corro a la Estancia Drákon con Oliver a mi siga. No tengo a dónde ir, ni con quién hablar más que con Pierre. Y no me culpo por acudir a él, es lógico querer tenerlo cerca, es lógico querer tenerlo solo un poco más.
Hace frío a causa de la lluvia que azotó la zona esta tarde, las calles siguen mojadas, al igual que la copa de los árboles. Ya es completamente de noche, pero no me importa. Lo ignoro y me apuro en llegar a la mansión. Cuando lo hago, toco el timbre con desesperación y espero hasta que Jasper sale por la puerta principal a recibirme.
—¿Otra vez a estas horas, Brid? —suelta con sorpresa—. Hoy más que nunca debiste quedarte en tu casa luego de la pelea de esta tarde.
No contesto, y lo nota cuando me deja atravesar la reja y ve mi cara enrojecida.
—¿Sucedió algo? —murmura en voz baja, tomándome de los brazos.
Afirmo con la cabeza.
—¿Está Pierre? —logro contestar.
***
Toco la puerta de la habitación de Pierre y espero ser atendida. Oliver se inquieta a mi lado. Dicen que los perros perciben tus sentimientos, tendría mucho más sentido si los está oliendo ahora mismo. Solo deseo no romperlo por yo estar indefinidamente rota.
—Melanie —exclama Pierre desde el interior de la habitación, irritado—, si vuelves a interrumpirme tendré que...
Se paraliza y corta las palabras al abrir la puerta, al encontrarme plantada en medio del pasillo oscuro. Se me cierra la garganta al mirarlo a los ojos, intento no llorar, no desbordarme.
—¿Brid? —Me toma delicadamente de la mano y obliga a entrar. Cierra la puerta a mi espalda, y se agacha levemente para analiza mi rostro en detalle—. ¿Estuviste llorando? ¿Qué pasó?
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OSCURO GÉNESIS
FantasíaBridget Wilson tiene un único propósito este verano: desconectar de los problemas que la separación de sus padres le lanzó encima, y supervisar que su madre sane su marchitado corazón. Con eso en mente, ambas viajan desde Toronto hasta Nelson, Colu...
