|| Cap 8 ||

47 0 0
                                        

La carnicería en el prado había llegado a su fin, y el silencio se apoderó del lugar, solo roto por el crujir de mis patas sobre los huesos de los muertos. Mis ojos, ahora permanentemente oscurecidos, recorrían la escena dantesca que había desatado. El cansancio se cierne sobre mi lomo tras horas de una danza macabra de muerte.

Los soldados ángeles eran conocidos por ser compasivos, por naturaleza pacifica, ese rasgo fue un elemento definitivo para mi victoria, mi maestro Astaroth me había enseñado que la razón por la cual los ángeles podían hacernos frente en batalla era por poseer armas de un metal especial, que solo existía en su tierra, armas de ese material podían matarnos fácilmente, y si era usado por un gran guerrero podían atravesar nuestros cuerpos y al mismo tiempo romper nuestras gemas del alma a pesar de no tenerlas cerca.

Aunque escasas, en esta batalla hubo esas armas, pero a pesar de atravesar mi cuerpo violentamente en múltiples ocasiones, el daño era inútil, no podía morir aun si sus espadas atravesaban mi corazón. Sus últimos minutos de vida fueron los más aterradores, pues no importaba cuanto pelearan, ni ellos ni sus armas pudieron alejar el destino mortal que decidí desatar sobre ellos.

Los soldados demonios, en la periferia, registraban cada detalle, grabando en sus memorias y papel el sombrío momento que estábamos viviendo. Aquel prado, antes lleno de vida y esperanza, ahora parecía un pequeño lago de sangre con montículos de cuerpos de ángeles, Algunos soldados observan los cuerpos de aquellos ángeles con los que habían interactuado con anterioridad y una sonrisa macabra fanfarrona se materializa en sus rostros, burlándose de sus muertes.

El comandante ángel y el rey Rafael, los únicos sobrevivientes, Intentaron proteger a los suyos tantas veces que sus cuerpos colapsaron con cada intento fallido, pues, usando las sombras, los alejaba del lugar, frustrándolos poco a poco con desesperación. Después de que me haya cobrado la vida de esos 1000 ángeles, ambos decidieron huir del lugar, llevándose consigo el cuerpo decapitado del príncipe Jeb. Al pasar junto a mí, el rey ángel no pudo contener su furia y recriminó al rey demonio Farjam por no evitar la masacre.

—¡Esto no quedará impune, Farjam! —gritó el rey Rafael, sosteniendo el cuerpo sin vida de su hijo—. ¡Has sellado la guerra con tu traición! —declaró mientras escapaban del prado.

Farjam, desde la distancia, mientras se acercaba a mí mojando sus patas con la sangre de los ángeles, respondió con una risa burlona, sin mostrar ni un ápice de remordimiento al no intervenir con mi masacre. Me llamó, reconociendo la muerte encarnada que había desatado.

—¡La segunda ola carmesí ha comenzado! —gritó Farjam, proclamando el inicio de una guerra que amenazaba con sumir a los reinos en la oscuridad. La historia se escribía con sangre, y mi papel como instrumento de esa cruel narrativa quedaba sellado en cada gota derramada en ese lago carmesí.

Con rabia el rey Rafael me mira —Niña... tú, eres la muerte en persona. Este acto no quedará impune —anunció el rey ángel antes de desaparecer entre las sombras del bosque.

La ovación de los demonios resonaba en mis oídos mientras Barrax se aproximaba, observando con detenimiento mis ojos oscurecidos.

—Esto ya estaba predicho desde aquel día en el coliseo, Solo una usuaria de ojos negros podría hacer esto... —comentó Barrax, con una mezcla de asombro y orgullo—. Me llenas de un inquietante orgullo Artemisa, te enseñé bien. Has superado mis expectativas a una edad tan temprana.

Mi mirada se encontró con la suya, y en medio de la carnicería, vi en mi tutor veía más allá de la masacre, apreciando el poder que había desatado gracias a todo mi esfuerzo.

El rey demonio, Farjam, se unió a la ovación. Él se acercaba en una mirada de orgullo paternal a mí, podía ver en sus ojos esperanza y felicidad. En un gesto de lealtad, juré mi fidelidad eterna al rey, entregándome como su arma de guerra. Mis acciones habían sellado un destino ineludible, y ahora solo obedecería órdenes directas del rey.

Demon withinDonde viven las historias. Descúbrelo ahora