Al pactarse la estrategia de la batalla, el primero en salir fue Rax. Caminaba orgulloso, triunfal, como si él hubiera concebido cada detalle del plan y ya estuviera decidiendo en qué pared de su palacio colgaría la cabeza de Antleres, decapitada por su propia zarpa. En su mente, la victoria ya era un hecho consumado.
Astaroth fue el segundo en abandonar la sala. Con un gesto preciso de magia creó cinco copias del plan, destinadas a los mandos militares que debían preparar cada pieza para que la estrategia funcionara. Guardó la anotación original para entregársela al rey. Su rostro mostraba un pesar profundo; no podía precisar su origen, pero en alguien con facciones duras como las de una gárgola, el agotamiento y la preocupación se filtraban por los poros sin pedir permiso.
No me dirigió la palabra. Tomó el camino opuesto al de Rax, con los ojos cerrados y pasos seguros, como un murciélago en la oscuridad, avanzando sin miedo a chocar, guiándose por la memoria hasta la oficina del rey.
Aemond y yo fuimos los últimos en quedarnos. O, más bien, los últimos en salir. Él me arrastró fuera de la sala; yo me negaba a moverme, como si quedarme allí pudiera impedir que cumpliera con mi deber.
—Misa... por favor, vamos. Tenemos que prepararnos.
—Hmm... no quiero...
Soltó el agarre apenas cruzamos el umbral y cerró la puerta detrás de mí, impidiéndome volver a entrar.
—Esto se sintió más como un examen sorpresa que como una reunión de planificación, ¿no lo crees?
—Lo fue...
—¿Ah, sí? ¿Y eso?
—Mi maestro me instruyó en lo que él llama "el arte de la guerra". Se niega a aceptar mi título de coronel sin este tipo de exámenes para justificar que soy competente para esto.
Me incorporé con pesadez.
—No me quejo. Es el único que me trata como alguien capaz y no como un animal sin cerebro al que sueltas a morder lo que se mueva. Para eso ya tiene a Rax...
—Ja. Sí, ese viejo gato solo sabe pelear. ¿Será que alguien podría sacarlo de la cámara de eco que es su cerebro?
—Su esposa. La oficial... Sharai, si no me equivoco. Que yo sepa, es la única que puede llamarlo imbécil de mierda sin recibir ni un roce. Al final, hasta el demonio más feroz tiene a alguien que lo controla.
—¿Y tú? —preguntó—. ¿Tienes a alguien así?
Su tono no era casual. No preguntaba por curiosidad; preguntaba porque quería ser ese alguien.
—Sí...
—¿En serio? ¿Quién?
—Se llama "qué te"...
—¿Qué te?
—¡QUE TE IMPORTA!
—Oye, no seas grosera, hablo en serio...
—Lo digo en serio, Aemond. No te lo diré.
—Ok... Wow. Estás muy cortante. ¿Te pasó algo? ¿Viste a Grim o...?
—No necesito estar rodeada de imbéciles para no querer hablar de cosas personales.
—Mentirosa. Te conozco como la almohadilla de mi zarpa. Si alguien te pregunta por ti, hablas hasta por las orejas.
Tenía razón. Eso solía hacer. Pero ahora, con el contrato del rey, simplemente no puedo. Callar es útil, suena razonable... pero jamás he sabido cerrar el hocico. Hablar es un placer casi tan grande como una buena comida. Y aun así, tendré que hacer un esfuerzo monumental para que mi cuerpo obedezca a mi cabeza. Tal vez hay cosas que siempre debieron quedarse ahí, sin verbalizarse.
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Demon within
FantasíaEn un mundo dividido, el odio que consumió el alma de una joven es la gota que derramó él vaso, Desató y terminó a la fuerza, una guerra sangrienta termina por llegar al límite de todos los involucrados, no pueden seguir, pero la desconfianza y des...
