Sin sentir que hubiera descansado, desperté de aquel sueño que el agotamiento había impuesto sobre mí.
Intenté moverme, pero todo mi cuerpo estaba entumecido. Algo me mantenía inmovilizada. Abrí los ojos por completo, parpadeando para ajustar mi vista al entorno. Lo primero que noté fue que mi cuerpo estaba cubierto de vendas y suturas; cada articulación, cada extremidad, estaba restringida para evitar que mis huesos se desplazaran. Desde la punta de mi cola hasta mi mandíbula, algo en mí estaba roto. El peso del dolor comenzó a despertar conmigo, extendiéndose como brasas encendidas bajo mi piel.
Una voz me sacó de mi ensimismamiento:
—Oh... por fin despertó. —Era una mujer, una curandera, que se inclinaba lo suficiente para entrar en mi campo de visión. Sus ojos estaban llenos de cansancio, pero en su rostro asomaba un alivio genuino.
—Creí que nunca se despertaría —añadió, sonriendo con un toque de nerviosismo.
—¿Dónde estoy? ¿Qué pasó? —pregunté, mi voz apenas un susurro que raspó mi garganta como si no la hubiera usado en días.
—Está en la división de enfermería, en una carpa privada —respondió, ajustando las sábanas sobre mi pecho. Su tono era profesional, aunque había un dejo de pena en sus palabras—. Soy su curandera personal. La trajeron aquí tras la batalla del sur para su recuperación.
—¿Cuánto tiempo ha pasado? —insistí, intentando ignorar el dolor creciente en mis costillas.
—Dos semanas aproximadamente —dijo con calma, como si no quisiera agitarme demasiado.
Dos semanas. ¿Tanto tiempo había estado inconsciente? Mi mente se nubló por un momento, hasta que recordé a Rax.
—Rax... —murmuré, esperando cualquier respuesta que confirmara que seguía con vida.
—El comandante me pidió que le leyera esto cuando despertara —anunció la curandera, sacando un pergamino enrollado. Lo desplegó con cuidado antes de comenzar a leer en voz alta.
—"Artemisa: tu desempeño ha caído a un nivel que considero paupérrimo. Sin embargo, a pesar de tus lesiones, lograste hacer retroceder a Basco. Si no hubieras conseguido arrancarle la cara y cegarle un ojo, ya habrías sido destituida de tu cargo. Culpo tu debilidad al exceso de descanso. Los soldados no tienen ese privilegio, y tú, menos aún.
"Por lo tanto, una vez recuperada físicamente, se te ordena unirte a los grupos de conquista para establecer una nueva frontera. Se construirá un puerto al pie del río de Gaju frente a la pared montañosa, creando un puesto estratégico para atravesar el estrecho. Sin embargo, por tu bajo rendimiento, te prohíbo participar en la batalla principal.
"En su lugar, serás enviada a Ghostya para la conquista de esas tierras, donde te enfrentarás a los híbridos. Katherine, su comandante, es más feroz que Basco. Te aconsejo que abandones cualquier resquicio de orgullo, entrenes y pelees sin descanso hasta que recuperes al menos un nivel aceptable de amenaza. Los condes, junto con el rey, están lanzando una campaña para proyectar una imagen más fuerte de ti tras lo sucedido con Basco. Por tu seguridad, te recomiendo estar a la altura de esa expectativa."
Las palabras eran crueles y tajantes. No había espacio para compasión, solo para el juicio frío de un superior decepcionado. Una ola de desesperación me recorrió. Desde que había descendido al infierno, mi vida no había hecho más que empeorar. Los pocos destellos de felicidad que había tenido se apagaban con cada paso que daba.
Postrada en la cama, una parte de mí deseaba no moverme nunca más. Pero la voz más fuerte en mi interior me recordaba que faltar a mi promesa era peor que decepcionar al mundo entero. Me juré a mí misma ser la más fuerte, y ahora, esa misma promesa era la que me estaba destrozando.
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Demon within
FantasiEn un mundo dividido, el odio que consumió el alma de una joven es la gota que derramó él vaso, Desató y terminó a la fuerza, una guerra sangrienta termina por llegar al límite de todos los involucrados, no pueden seguir, pero la desconfianza y des...
