|| Cap 20 ||

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Siempre había oído que criar cachorros era agotador. Imagino que eso aplica cuando ya pueden caminar, morder y explorar el mundo con su propia curiosidad, cuando sus dientes empiezan a salir y muerden todo a su alcance, o cuando comienzan a hablar, con el ruido que eso implica. Pero, por ahora, mis cachorros son indefensos; solo necesitan calor y alimento. Durante la noche, basta acomodarme para que puedan mamar sin que tenga que despertarme.

Esta primera noche me enseñó lo importante que es preparar un nido suave a nuestro alrededor. Las paredes de tela mantienen a los pequeños cerca de mí, evitando el trágico destino que sufrió mi abuela materna, quien perdió a tres cachorros que, al no tener un nido, se separaron de ella durante la noche y murieron de frío, incapaces de regresar por sí mismos.

Sé que la mortalidad entre cachorros es alta, pero he descubierto que, a pesar de no haber criado antes, tengo habilidades maternales naturales. Tampoco siento ansiedad al separarme de ellos. Gracias a la herencia de mi abuelo paterno, una mezcla de canino con marsupial, tengo un marsupio que me permite llevarlos seguros a donde sea que vaya; hoy no será la excepción.

Me desperté temprano, lista para continuar con mis planes. Debía asistir al funeral de la reina y presentar a mis cachorros a la casa Tzachi. Pese a mis conflictos con Grim, él y su familia tienen derecho a conocer a sus descendientes.

Con sumo cuidado, tomé a mis cachorros y los aseé pacientemente. Bañarlos con la lengua es una tarea agotadora y, honestamente, algo desagradable, sobre todo al limpiar sus excreciones. Los demonios aún cuidamos a nuestros pequeños de esta manera, aunque he oído que las bestias usan algo llamado pañal: una tela de fibra vegetal que retiene los desechos y puede reutilizarse como fertilizante. Si conquistamos esas tierras, me gustaría probar algunos. Aunque el sabor no es desagradable, pues solo toman leche, sigue siendo repulsivo. Sin embargo, si esto es lo que una madre debe hacer para cuidar y demostrar su amor, no me quejaré.

Una vez limpios, les espolvoreé un poco de incienso de rosas sobre sus lomos, para que estuvieran presentables.

Los volví a colocar en el marsupio, donde continuaron durmiendo profundamente, brindándome un momento de tregua. Me alisté también; aún tenía pequeños rasguños por el accidente, además del dolor en la espalda y las caderas que me dejó el parto. La anestesia temporal de la balada que Antleres cantó alivió el dolor en su momento, pero ahora cada punzada me recordaba que estos pequeños son míos y que el dolor es parte de nuestro vínculo.

Caminé como un animal herido hasta la cocina del palacio, donde, en un acto furtivo, tomé un pan y un trozo de queso. Observé a los cocineros discutir qué platillos prepararían con la carne de bestia que traje. Sin duda, la recepción del funeral será espléndida, tal como corresponde a una reina.

Caminaba comiendo mi pan con queso, buscando alguna sombra que me guiara a la casa Tzachi

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Caminaba comiendo mi pan con queso, buscando alguna sombra que me guiara a la casa Tzachi. No había ninguna en el camino salvo en el hermoso jardín de la reina. Pisar ese lugar, después de todo lo ocurrido, era abrumador y doloroso.

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