|| Cap 26 ||

11 0 0
                                        




La semana fue tranquila. Mientras los cambiaformas hacían su trabajo, yo me dedicaba a vigilar el pueblo. No importaba cuánto me esforzara: no entendía esa conexión que tenían entre ellos... quererse, protegerse, convivir en armonía híbridos de ángeles y demonios. Era algo simplemente ajeno para mí. O tal vez... mi naturaleza me impide empatizar, y mis intentos de comprender no son más que una forma de pasar el tiempo.

Lo único que saco de esta experiencia es aprender a observar en silencio. Pensar antes de actuar de forma impulsiva. He empezado a notar que, quizá, si en batalla no actuara tan rápido, podría ser más efectiva. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Y aunque haya aprendido la lección, me es casi imposible soltar años de impulsividad tatuados en mi carne.

Una noche, tras una fuerte lluvia, un guardia intentó sobrepasarse con Odessa en un callejón cercano a la posada. No lo pensé. Salté al ataque, lo destrocé sin dudar. Cuando me di cuenta, Odessa había salido corriendo, gritando a todo pulmón, atrayendo a los demás. Un escalofrío helado recorrió mi lomo. Pensé que había arruinado todo.

Volvió al callejón con más guardias... y entonces me hizo una señal con la cola. Lenguaje militar. El mensaje era claro: "Actúa."

Miré mi reflejo en un charco, y lo entendí. Mis ojos estaban vacíos, salvajes. Mi forma ya no era la de una pantera. Me había transformado en un lobo ferox. No por magia, sino por instinto. Era exactamente lo que ella quería que pareciera. Sin pensarlo más, corrí hacia el bosque, como si el fuego de los faroles y antorchas me espantara.

Permanecí en el bosque por horas, hasta que Odessa vino a buscarme.

No me regañó directamente. Ni con tono severo. Su respeto seguía ahí, intacto, pero el mensaje fue claro: mi actuar no fue el adecuado. Me dijo que no había entendido nada de lo que significaba observar y actuar. Que no se trataba de observar para saber cómo matar más rápido a alguien, sino de aprender cómo abordar una situación... sin convertirla en una tragedia.

Pude haber gritado, dijo. Pude haber llamado la atención. Incluso golpearlo, pero no matarlo.

Aquí, según me explicó, estas situaciones son tristemente comunes desde que comenzó la guerra. Pero esta comunidad, a diferencia del infierno, cree en sus víctimas. Las protege. Si me hubiese contenido, el pueblo me habría respaldado

Y tenía razón. Si no podía controlar esto en un pueblo tan pequeño, ¿qué haré en la capital?
No sabía cuán grande era, pero si lo que decía Odessa era cierto, era inmensa. En constante expansión. Repleta de híbridos demonio, tan impulsivos como yo... esperando a que alguien como yo actúe sin pensar.

Rax era un maldito violento en toda la extensión de la palabra, pero sabía lo que hacía. Fue astuto al castigarme con esta misión. Analizó bien mis debilidades y me mandó aquí sabiendo lo que me costaría. Porque aunque esta experiencia sea enriquecedora, para un demonio hacer cosas para las que no fue entrenado... es una tortura. Una tortura que, incluso si te beneficia, te destroza por dentro.

 Una tortura que, incluso si te beneficia, te destroza por dentro

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Demon withinDonde viven las historias. Descúbrelo ahora