En un mundo dividido, el odio que consumió el alma de una joven es la gota que derramó él vaso, Desató y terminó a la fuerza, una guerra sangrienta termina por llegar al límite de todos los involucrados, no pueden seguir, pero la desconfianza y des...
Esta novela contiene escenas y temas que pueden no ser adecuados para todos los lectores. Incluye representaciones de violencia fisica y emocional, maltrato de todo tipo incluyendo infantil, contenido sexual explícito, lenguaje fuerte y situaciones emocionalmente intensas. Se recomienda discreción al leer, especialmente para aquellos sensibles a estos temas o menores de edad. Por favor, asegúrate de estar en un entorno adecuado y preparado emocionalmente antes de continuar.
POV Artemisa
El sonido de estática que estalla dentro de mi cráneo al oír mis propios huesos crujir bajo el golpe es una sensación que me revuelve el estómago. Todo se detiene. El mundo se vuelve un borrón confuso de sombras y luces que se funden, hasta que un parpadeo de inconsciencia me arrastra lejos por un instante eterno. Cuando despierto, el dolor regresa como un cuchillo oxidado que se clava despacio: mis huesos palpitan, mi carne arde y se enfría al mismo tiempo, las heridas abiertas escupen sangre caliente que empapa la tierra bajo mis patas. El olor metálico y dulzón inunda mis fosas nasales, mezclándose con el hedor a tierra húmeda y hojas podridas del bosque. Tengo apenas ocho años y esta paliza es solo otro día más en mi vida.
Salía de la escuela, como siempre, cuando el idiota de Dan y sus amigos decidieron que mi cara era el saco de entrenamiento perfecto. Esta vez se pasaron. Mis orejas cuelgan en jirones profundos, tan abiertos que podría meter un dedo dentro y sentir el hueso expuesto. Mis articulaciones crujen dislocadas con cada movimiento. Pero el miedo real no es el dolor; es llegar tarde a casa. El sol ya se hunde entre los árboles negros del territorio de Hades, tiñendo el cielo de un rojo enfermo que promete castigo.
—¿Dónde está el sol? —murmuro en voz alta, solo para oír mi propia voz temblorosa y darme un poco de compañía en esta pesadilla—. No puedo llegar después de que se oculte...
Intento levantarme. Mis patas traseras fallan y caigo de bruces otra vez, el impacto sacude mis nervios como relámpagos de agonía. El dolor es insoportable para mis huesos de cachorro, delicados y frágiles todavía. Pero el terror al castigo de mi madre me da una fuerza enferma, un fuego negro que me obliga a arrastrarme. Pierdo la cuenta del tiempo. Tal vez por el esfuerzo de resistir, o por los desmayos que me roban segundos enteros. La sangre sigue brotando, caliente y pegajosa, pegándome el pelaje opaco al cuerpo.
Cuando creo que no podré dar un paso más, una voz dulce como fresa bañada en miel se filtra entre los arbustos. Confundida, giro la cabeza hacia donde creo que viene el sonido, pero me equivoco. Al volver la vista al frente, ahí está: una pequeña lagartija color crema con ojos violetas que brillan con destellos rosados. Me mira fijamente, con una sonrisa tierna y un brillo de admiración que no entiendo.
Me quedo un minuto en silencio, esperando. El dolor me aturde tanto que apenas pienso. Supongo que no dirá nada. Es incómodo. Cuando decido intentar levantarme otra vez, la lagartija habla.
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