El paisaje era imponente, un territorio donde el bosque caducifolio se transformaba paulatinamente en un entorno tropical. El aire, húmedo y frío en las primeras horas de la mañana, se mezclaba con el calor creciente de una marcha vigorosa, los lomos de los soldados brillaban bajo el esfuerzo mientras avanzaban con determinación. Cada paso resonaba con la promesa de una batalla inminente.
Ante nosotros se extendía una vasta pradera que rompía la continuidad del bosque, y allí, finalmente, se alzaba el ejército de las bestias. Eran más de lo que había anticipado, un mar de formas robustas y feroces, perfectamente alineadas. No obstante, era de esperarse; esta frontera era su última línea de defensa. Si caían aquí, la barrera natural sería lo único que los separaría de su derrota total. Conquistada esta posición, su rendición sería inevitable y, con suerte, menos sangrienta.
—¡Todos listos! —rugió Rax, su voz retumbando como un trueno.
Su llamado resonó en la formación, desatando un rugido ensordecedor que hizo vibrar la tierra bajo nuestras patas. Al otro lado, las bestias, alertadas por nuestra respuesta, se movilizaron. Los arqueros tensaron sus arcos con flechas incendiarias, las catapultas se prepararon para lanzar bolas de fuego, y en el cielo, un escuadrón aéreo comenzó a batir sus alas con fuerza, listo para descender sobre nosotros. No cabía duda: no se rendirían sin presentar batalla.
—¡Por el Hades! —exclamó Rax con una ferocidad que encendió el espíritu de las tropas.
Con un rugido unísono, nos lanzamos al combate. Yo lideraba el avance terrestre mientras el cielo se oscurecía por la cantidad de demonios alados que se alzaban en vuelo, creando una tormenta de sombras que proyectaba nuestra determinación.
Las primeras flechas incendiarias surcaron el cielo, pero los demonios aéreos se arrojaron contra ellas con determinación, desviándolas o recibiéndolas con sus cuerpos. Algunos caían en espiral, sus alas en llamas, pero su sacrificio mantenía a salvo a las tropas terrestres. Las catapultas de las bestias lanzaron entonces su siguiente ataque: enormes bolas de fuego que rasgaban el aire con un silbido amenazador.
—¡Retiren y avancen! —ordenó Rax, su experiencia de combate demostrada al dirigir a las tropas para esquivar los puntos de impacto.
Aproveché la sombra proyectada por una de las enormes bolas de fuego para utilizar mi magia. Con un movimiento preciso, la hice desaparecer en su propia sombra, solo para hacerla reaparecer entre las líneas enemigas, estrellándose contra las catapultas y desatando una explosión que diezmó a sus artilleros. La confusión reinó en sus filas mientras los pilares de piedra se convertían en trampas letales, mi magia amplificando el alcance de los ataques desde las sombras.
Superada su artillería, las bestias avanzaron con todo. Portaban armas de diversas formas y tamaños, y su carga hacia nosotros era implacable. Sobre nuestras cabezas, la batalla aérea se tornaba brutal; la sangre y los cuerpos destrozados de los combatientes caían como lluvia, aplastando a los soldados terrestres que no lograban esquivarlos.
Entonces, la verdadera guerra comenzó.
El caos reinaba sin límites. El choque de armas resonaba como un eco ensordecedor, mientras las filas se encontraban en un frenesí de violencia. Las bestias, impulsadas por una ferocidad primitiva, se enfrentaban a la precisión despiadada de los demonios. Los gritos de batalla, rugidos y aullidos se mezclaban con el estruendo metálico, y el suelo, húmedo por la sangre derramada, se teñía cada vez más de un rojo profundo.
Desde mi posición, vigilaba cada movimiento, dirigiendo a los míos con una precisión calculada. Las sombras danzaban a nuestro favor, ocultando nuestras intenciones y sembrando el miedo en las filas enemigas. En medio del caos, había una terrible belleza: una batalla donde la fuerza y la estrategia se enfrentaban en un espectáculo de poder desatado. La naturaleza misma parecía temblar ante la colisión de estas dos potencias.
ESTÁS LEYENDO
Demon within
FantasiEn un mundo dividido, el odio que consumió el alma de una joven es la gota que derramó él vaso, Desató y terminó a la fuerza, una guerra sangrienta termina por llegar al límite de todos los involucrados, no pueden seguir, pero la desconfianza y des...
