La mañana siguiente desperté con el cuerpo pesado, como si la noche me hubiera pasado factura. A mi lado, sobre la cama deshecha, estaba él, respirando con calma. Hubo un tiempo en que compartimos lecho por pura necesidad: en los cuarteles no existen camas suficientes y el frío de la guerra se clava en la carne y huesos. Su cuerpo me dio calor entonces... y esta vez fue mucho más que eso.
No lo desperté. Me levanté en silencio y bajé a la taberna en busca de desayuno, intentando convencerme de que así comenzaría bien el día. El miedo me acompañaba como una sombra persistente; el deber se acercaba con una urgencia cruel. Apenas había logrado recuperarme de una pelea y ya debía regresar a otra. Era agotador, desmoralizante. Aun así, me aferré a la idea de robarle unos minutos más al destino, de compartir un instante de calma antes de volver al caos.
Cuando regresé a la habitación, seguía acostado. Entré con cuidado, como si el más mínimo ruido pudiera romper algo frágil. Dejé la bandeja con comida sobre una pequeña mesa, en un rincón apartado, y avancé despacio hasta la cama. Su respiración tranquila contrastaba con el nudo que yo llevaba en el pecho.
Me incliné un poco, apoyándome en el borde del colchón, y lo desperté con suavidad.
—Buenos días, dormilón...
No se sobresaltó cuando escuchó mi voz. Lo vi abrir los ojos despacio, con esa calma que siempre me desarmaba, como si supiera que era yo incluso antes de enfocar la mirada. Durante un instante no dijo nada; solo me observó, y una sonrisa lenta se dibujó en su rostro antes de soltar un suspiro que parecía haber contenido desde hacía rato.
—Buenos días...
Su voz salió grave, todavía cargada de sueño, y me recorrió la piel como un recuerdo reciente. Se incorporó un poco, apoyándose en las patas delanteras, y sus ojos bajaron de mi rostro hacia la habitación, deteniéndose en la bandeja de comida que había dejado en la mesa.
—Te levantaste antes de tiempo —añadió en un tono más bajo—. El cuerpo no miente... y el tuyo aún no termina de pagar la noche.
Solté una risa breve, apenas un respiro entre dientes, pero no logré sostenerla. Sus palabras tenían razón, y eso me molestó más de lo que quería admitir. Cuando volvió a hablar, lo hizo con esa firmeza tranquila que siempre parecía desafiar al mundo sin necesidad de alzar la voz.
—Si el día insiste en reclamarte... que espere. Aún la cama te llama, y este momento de calma después de la tormenta nos pertenece.
Lo vi recostarse otra vez, dejando caer su peso sobre las mantas viejas, y exhalar un suspiro profundo. Algo en mi pecho se tensó. Quise ceder, quedarme ahí, dejar que el tiempo se rompiera por una vez, pero la realidad no me dio ese lujo.
—Por favor... solo ven, vamos a desayunar —dije al final, apartándome de la cama mientras mi voz perdía fuerza—. Estoy segura de que nos llamarán en cualquier momento.
Me alejé para tomar la bandeja, sintiendo cómo el cansancio regresaba con cada paso.
—Les encanta verme pelear apenas recupero la salud después de una paliza.
Tomé su taza de té y la dejé a su lado sobre la mesa, invitándolo en silencio a levantarse. Mis zarpas se demoraron un segundo de más antes de soltarla. Al hablar de nuevo, ya no pude ocultar el hastío que me pesaba en el alma.
—Quisiera tener una sola mañana tranquila en este maldito lugar... solo una vez.
Lo miré mientras dejaba que mi cola se enredara con la suya, lenta, casi inconsciente, como hiedras buscando sostén. El desayuno estaba delicioso, pero no consiguió silenciar el ruido constante en mi cabeza. Sabía que tenía razón desde siempre: él era más atento que yo a los detalles técnicos del ejército. Donde yo reacciono, él analiza. Donde yo avanzo, él calcula.
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Demon within
خيال (فانتازيا)En un mundo dividido, el odio que consumió el alma de una joven es la gota que derramó él vaso, Desató y terminó a la fuerza, una guerra sangrienta termina por llegar al límite de todos los involucrados, no pueden seguir, pero la desconfianza y des...
