El polvo aún flotaba en el aire cuando di otro paso hacia ella. El suelo crujía bajo mis patas. Mis sombras se arrastraban como una extensión de mi voluntad. El silencio entre nosotras era más ruidoso que cualquier grito de guerra.
—No me fui con ellos —confesé, alzando la mirada, firme, mientras la sangre me corría por la comisura del labio—. No porque no pudiera... sino porque mi orgullo fue pisoteado.
Katherine entrecerró los ojos, expectante. Los soldados a su alrededor se tensaron.
—Tenía que dejar algo en claro antes de irme —proseguí, y mi voz se volvió como un trueno grave—. Esa híbrida que una vez estuvo en mi linaje... no fue una aberración. Fue peor. Fue un ángel caído. Una criatura que manchó mi sangre y la arrastró al lodo.
Un murmullo se alzó entre los presentes, incluso los más arrogantes tragaron saliva. Hasta Katherine, por un segundo, parpadeó con sorpresa.
—¿Estás diciendo... que un ángel caído fue parte de tu familia?
Asentí. El fuego de mis ojos crepitaba con intensidad. Tragué saliva, oscura, contaminada por las sombras que hervían en mi pecho. Me incorporé por completo, imponiéndome como una montaña negra frente al relámpago.
—Y juro, por Tenebris y por cada maldito rincón de este mundo, que no descansaré hasta librar a Sernia de todos los ángeles caídos... de todos los bastardos que corrompan su linaje, y de cada ser que se cruce en mi camino. Aunque sea un indefenso bebé.
Ese juramento desató la tormenta.
Katherine rugió como una bestia herida en el orgullo.
—¡¿QUÉ CLASE DE MONSTRUO ERES?! —bramó, con una furia que sacudió el aire.
—El que este mundo necesita —respondí, con la serenidad de una lápida.
—¡Soldados! ¡Mátenla!
Los híbridos que la rodeaban se abalanzaron sobre mí. El suelo tembló bajo el peso de su carga.
No me moví.
No parpadeé.
Las sombras estallaron como púas negras desde debajo de mis patas, atravesando gargantas, pechos y cráneos con una precisión quirúrgica. Uno fue empalado y elevado en el aire. Otro se partió en dos como un tronco seco. Un tercero ni siquiera alcanzó a gritar antes de que su cabeza se separara de su cuerpo con un chasquido húmedo.
Uno a uno... cayeron.
Yo no había dado ni un paso.
No jadeaba.
No sudaba.
Ni siquiera me había despeinado.
Solo quedaba Katherine.
Y ella lo supo.
Apretó los dientes, rugió un grito feroz y se lanzó hacia mí.
Su velocidad fue un destello imposible.
Ni siquiera pude verla moverse. Solo sentí el impacto. Su zarpa envuelta en electricidad me golpeó en el abdomen con la fuerza de un trueno. Salí disparada hacia atrás, atravesando otra pared como si fuera papel.
Mi visión tembló. La sangre me llenó la boca. Mi espalda ardía. Apenas me levanté, otro golpe me alcanzó la mejilla, haciendo que escupiera un diente.
No había tiempo para defenderme. No había forma de esquivar. Solo podía endurecer mi cuerpo y absorber lo inevitable.
Uno. Dos. Tres. Cuatro golpes más. Cada uno tan rápido como un parpadeo, tan letal como una lanza.
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Demon within
FantasyEn un mundo dividido, el odio que consumió el alma de una joven es la gota que derramó él vaso, Desató y terminó a la fuerza, una guerra sangrienta termina por llegar al límite de todos los involucrados, no pueden seguir, pero la desconfianza y des...
