El día transcurrió como cualquier otro de esa semana. Azure no me reportó ninguna actividad sospechosa. Solo dijo que Dagur parecía distraído, pero inofensivo. Incluso lo vio ayudar a unos híbridos ancianos a levantar una carreta, limpiando el sudor de su frente con una sonrisa que parecía sincera. Azure admitió que Dagur hablaba demasiado, que se mezclaba con demasiada facilidad, pero que no había ninguna señal de alarma... solo un demonio adaptándose a su entorno, como todos nosotros.
Lo había seguido con cautela —al coliseo, donde observaba combates más de lo normal, al mercado, donde preguntaba a los comerciantes por rutas comerciales y patrones de movimiento, y hasta a una casa abandonada cerca del distrito de entrenamiento. Según Azure, Dagur entraba y salía con regularidad, diciendo que era su refugio para "no levantar sospechas" en el hospedaje oficial. Nada, absolutamente nada parecía más fuera de lugar que su amabilidad exagerada... pero eso nunca es suficiente para acusar.
Esa noche nos reunimos en el lugar acordado: una bodega antigua, olvidada entre calles sin nombre, casi sepultada por el tiempo y el polvo. Las antorchas parpadeaban como si temieran iluminar demasiado, como si los secretos ahí resguardados no quisieran ser vistos ni susurrados.
Odessa ya me esperaba, sentada en una silla de piedra, hojeando un viejo libro con diagramas de arquitectura. Azure llegó poco después, con el rostro sombrío y el ceño fruncido, como si una preocupación le trepara por la espalda y le susurrara cosas que él se negaba a escuchar.
Dagur fue el último en llegar.
—Perdón la demora —jadeó, con una sonrisa torpe—. Uno de los híbridos me pidió ayuda con una carreta... no podía decir que no. Me entretuve más de la cuenta.
Su cabello estaba despeinado, tenía tierra en las patas y un pequeño rasguño en el brazo que parecía reciente. Traía unas notas mal enrolladas entre las zarpas, hechas a mano, con manchas de tinta y una letra apurada. Se las extendió a Odessa, pero yo estiré el brazo y se las quité antes.
—¿Y encontraste algo útil? —pregunté, tratando de mantener mi tono neutral.
—Sí, mapas de los pasadizos subterráneos —dijo—. Aunque no todos son recientes, algunos parecen previos a la guerra con los ángeles.
Sus palabras se sentían firmes, pero su mirada no me sostenía. Sus ojos se clavaron en mis manos mientras guardaba los pergaminos en las sombras. No los abrí. No por desconfianza... sino por costumbre. O al menos eso me repetí.
—Buen trabajo —murmuré.
Azure no dijo nada. Solo observaba a Dagur como quien observa una pintura tratando de descubrir qué hay oculto bajo la capa de barniz. Odessa, por su parte, evitaba hacer contacto visual con él.
Cuando dimos por terminada la reunión, cada uno se fue por su lado. Azure se perdió entre los callejones, visiblemente frustrado. Odessa me dedicó una mirada larga, quizás intentando leer en mi rostro si también dudaba. Yo solo asentí.
Cuando regresé a mi cuarto, el aire estaba más denso que de costumbre. Encendí una vela, pero su luz parecía más débil, como si no tuviera fuerzas para quemar el silencio. Me senté al borde de la cama.
La sensación era extraña. Como si algo se arrastrara en los márgenes de mis pensamientos, como si me hubieran dejado un mensaje escrito con sangre invisible en la espalda. Algo no encajaba.
—¿Estás bien? —preguntó Odessa desde la puerta.
No me había dado cuenta de que había venido. Se apoyó en el marco, con la mirada baja.
—No lo sé —respondí, sincera.
Me observó por unos segundos, como si quisiera abrazarme, pero no se atreviera.
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Demon within
FantasíaEn un mundo dividido, el odio que consumió el alma de una joven es la gota que derramó él vaso, Desató y terminó a la fuerza, una guerra sangrienta termina por llegar al límite de todos los involucrados, no pueden seguir, pero la desconfianza y des...
