|| Cap 24 ||

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A la mañana siguiente de recibir la orden, partí hacia un puerto cercano, ubicado en el límite de nuestra conquista sobre el territorio de las bestias.

Lejos del campo de batalla, el paisaje cambiaba drásticamente. La arena blanca contrastaba con la exuberante vegetación tropical, mientras las aguas cristalinas reflejaban el cielo como un espejo sin mancha. En la orilla, un pequeño puerto comenzaba a tomar forma. Casas construidas sobre pilotes se alzaban sobre el agua, y a lo largo de la costa, talleres improvisados daban vida a humildes embarcaciones.

Demonios provenientes de los dominios de Ira y Pereza se asentaban en este nuevo paraíso. Su complexión, adaptada al agua, los convertía en los pioneros ideales para habitar estas tierras. Aún les costaba asimilar que ya no vivían en las profundidades de la tierra; cada noche, miraban el cielo con asombro, como si las estrellas fueran algo que jamás hubieran contemplado.

Su felicidad era palpable. Al llegar, ya adentrada en el pequeño pueblo, me recibieron con gratitud y entusiasmo. Muchos ya habían oído de mis hazañas en la guerra y sabían que, gracias a la última batalla ganada, ahora podían disfrutar de este horizonte lleno de posibilidades.

 Muchos ya habían oído de mis hazañas en la guerra y sabían que, gracias a la última batalla ganada, ahora podían disfrutar de este horizonte lleno de posibilidades

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—Buenos días.

Una voz amistosa me llamó con un tono relajado. Al girarme, vi a un demonio de rasgos híbridos entre lobo marino y frailecillo. Guli, el líder designado para el asentamiento en estas tierras.

—Buenos días. Usted debe ser Guli, me dijeron que lo buscara.

—Así es. Es un honor conocerla, señorita Artemisa.

Hizo una leve reverencia. Respondí con cortesía:

—Aprecio su hospitalidad. Por favor, indíqueme qué instrucciones le dieron respecto a mí.

Me señaló el sendero que conducía al puerto y comenzamos a caminar mientras continuábamos la conversación.

—Hace una semana recibí una carta del comandante Rax —explicó Guli con un tono calmado—. Me ordenaron escoltarla en barco hasta Ghostya. La misma carta la llevé a los cuatro cambiaformas que la acompañarán. Mi deber es dejarlos en el punto de arribo y regresar por ustedes en un mes. A partir de ahí, sus obligaciones serán designadas individualmente.

—Entendido —asentí—. Mi misión es escoltarlos y asegurarme de que usted vuelva con la misma cantidad de demonios que llevó.

Guli soltó una risa breve, aunque sin humor.

—Verla en este encargo me hace pensar que esto es más un castigo que una asignación real.

Fruncí el ceño y lo observé con atención.

—¿Y usted cómo...?

—Perdí un sobrino en la batalla de la frontera.

Su mirada se ensombreció.

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