|| Cap 21 ||

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No volví a casa. Dejé a Grim con los cachorros, intentando ver si podía confiar en él. Estaba en la recepción del funeral, pero, lo que quedaba de él... Me había distraído tanto que no llegué a compartir con todos los presentes. Solo quedaban el rey, quien dormía en un sillón rodeado de copas de vino, tanto dentro como fuera de su cuerpo, y el conde Sanhu, quien comía lentamente lo que quedaba de la carne de Siryx. Los demás soldados que me acompañaron a la firma de la paz habían logrado recuperar más carne, la cual trajeron para el festín de hoy.

—¿Le molesta mi compañía? —pregunté al conde con respeto.

Él volteó a mirarme, regalándome una sonrisa.

—Claro que no, ven, siéntate...

Me acomodé junto a él en la gran mesa vacía, me serví un poco de carne y juré que podía saborear a ese bastardo. Desearía que, si mis colmillos desgarraran su carne, no fuera por hambre, sino para matarlo las veces que fueran necesarias. Por otro lado, era extraño estar junto a Sanhu.

Sanhu, el conde del Limbo y protector de la capital del Infierno, aunque no nos pareciéramos, éramos parientes. Podría decirse que es el primo hermano de mi abuelo paterno. Ambos descendientes del mítico Cerbero, el perro de tres cabezas. Él es miembro del clan Hellhound, uno de los pocos que aún conserva el gen más "perruno" de todos, ya que la mayoría de los miembros de su clan se mezclaron con otros tipos de demonios. Los perros demonio están desapareciendo poco a poco en el infierno, y mucho más en el clan que les dio vida.

No había visto a este hombre muchas veces en mi vida, quizás unas cuatro, y dos de esas ocasiones fueron cuando nací, y otra poco antes de abrir mis ojos, siendo aún una pequeña cachorra. Pero según lo que me contaban mi padre y mi abuelo sobre él, era un demonio sumamente sabio, paciente y directo. Tal vez hablar con él me ayudaría a aclarar mi mente.

—Disculpe, Conde Sanhu...

—Dime, tío, tu abuelo y yo éramos como hermanos. ¿Qué te sucede, mi niña? ¿El funeral no te dio paz al corazón?...

Los demonios, por lo general, dejan de preocuparse por los muertos después de un funeral, pero algunos, como los presentes aquí, aún tardan en aceptar estas pérdidas.

—Pues, más que eso... quería preguntarte algo. —Tragué saliva, eligiendo mis palabras—. ¿No hay nadie en el infierno en quien pueda confiar plenamente?

Él masticó la carne con calma antes de tragarla, pensó un poco y respondió.

—No...

—¿No...? —pregunté, atónita.

—Sí, simplemente no... —Tomó un trago de vino—. «Confianza ni en tu sombra», decía mi amado abuelo Cerbero... o eso decían, creo que ni siquiera puedo confiar en la fuente de esa cita...

—Oh, bueno... entiendo...

—Supongo que lo dices por Lilith. En ella deposité tanta confianza como mi vida misma, jamás me decepcionó, pero... debes pensar, querida, qué demonios como ella no nacen dos veces en el infierno. Por eso prefiero que desconfíes de todos a tu alrededor en este maldito nido de podredumbre. Es lo mejor. Seguro ya te dio ese consejo aquel hombre. —Apuntó con su copa hacia Farjam, que parecía estar sumido en un mar de borrachera.

—Sí, me dijo que los demonios somos la raza más horrible sobre este mundo...

—Y tiene razón.

—Entonces, ¿por qué demonios hice tanto por gente así? ¿Por qué Lilith dio su vida por gente tan repulsiva? —pregunté, entre enojada y sorprendida.

—Por amor... —Bebió otro poco de vino—. Queramos o no, nacimos como demonios. Podemos poseer el cuerpo de una bestia, incluso el de un ángel, pero jamás seremos uno. Nuestras almas son... una mierda. —Me mostró la lámpara de su collar, el brillo en ella provenía de la gema de su alma—. ¿Sabes la leyenda de por qué somos así?

Demon withinDonde viven las historias. Descúbrelo ahora