Capítulo 39

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Sus ojos se abrieron en cuanto el ardor le atravesó todo el cuerpo. Las cortadas de sus muslos, brazos, abdomen y pecho quemaban como si alguien presionara fuego directamente sobre su piel. Algunas aún sangraban, formando líneas oscuras que se deslizaban lentamente. Se obligó a incorporarse. El mundo giró de golpe y tuvo que apoyarse en la pared para no desplomarse. Aun así, caminó hacia el baño para limpiarse como pudo, evitando mirarse demasiado en el espejo.

Cuando terminó de arreglarse para la fiesta, bajó despacio las escaleras. Robin ya estaba listo, esperándolo con la misma expresión que siempre tenía cuando no quería hablar. Se despidieron de la madre del moreno y salieron. El silencio entre ambos era tan cómodo para Finney que casi dolía.

El aire nocturno movía las hojas de los árboles, produciendo un sonido suave que acompasaba sus pasos. Por primera vez en todo el día sintió algo cercano a la paz. Se permitió acercarse y tomó la mano de Robin. Su novio lo atrajo hacia sí de inmediato, y Finney sintió que todo su cuerpo perdía fuerza al percibir el perfume de él. Cerró los ojos y se hundió en el calor de ese momento. Ese instante parecía haber sido hecho solo para él. Quiso quedarse ahí para siempre, pegado a su pecho, respirando a través de él. Soñando con repetir esa sensación una y otra vez, como si realmente pudiera tenerla.

Y de pronto ya estaban frente a la casa. La fiesta. El fin de lo único bueno que había sentido en días. No pudo evitar la punzada de tristeza. Miró a Robin, notándolo distraído, como si no quisiera estar ahí... o no quisiera estar con él. Antes de que pudiera preguntar, Robin simplemente siguió adelante y entró, dejándolo atrás sin voltearlo a ver.

Finney soltó un suspiro torpe, que se tragó de inmediato. No quería empezar la noche así. Entró a la casa con el corazón encogido.

El olor a cigarro y alcohol le golpeó la cara como una nube pesada. Había cuerpos por todas partes, risas, gritos, música muy fuerte. Buscó a Robin entre la multitud. Cuando lo encontró, estaba saludando a sus amigos con una sonrisa que no había mostrado en todo el camino. Finney sonrió apenas, con un alivio que le dolió. Intentó acercarse; cada paso le hacía rozar alguna de las heridas recién abiertas, pero siguió avanzando. No iba a dejar que un poco de dolor lo detuviera.

Al llegar a Robin, el moreno se tensó de inmediato. Finney sintió cómo el corazón se le hundía en el estómago.

—¿Qué sucede? —preguntó con un hilo de voz que intentó controlar—. ¿Molesto?

—Claro que no —respondió Robin, aunque sonaba cansado, distante—. Es solo que... —suspiró, buscando alguna excusa que no sonara tan evidente—. ¿Podrías traerme una cerveza? También necesito despejarme.

Ese "despejarme" le atravesó el pecho, pero Finney solo asintió. Haría lo que fuera con tal de no decepcionarlo. Con tal de ganarse un poco más de ese afecto que él imaginaba que Robin sentía. Con tal de ser suficiente, aunque fuera unos segundos.

Fue a buscar la cerveza. Sirvió el líquido en un vaso, cuidando que no se le derramara, intentando parecer tranquilo aunque las manos le temblaban. Notó que había gente acercándose, rodeándolo, pero al principio no le dio importancia: era una fiesta, era normal.

Hasta que escuchó sus risas. Esa risa. Ese tono burlón que conocía demasiado bien.

Giró lentamente y los vio.

El antiguo grupo de matones de Robin.

Y su cuerpo reaccionó antes que su mente: las piernas le flaquearon, los dedos se le congelaron, el corazón se desbocó con una fuerza tan violenta que creyó que iba a desmayarse ahí mismo. Su respiración se tensó y la cerveza casi se le cayó de las manos.

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⏰ Última actualización: Nov 09, 2025 ⏰

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