Capítulo 11 | "Fruta prohibida"
Sergey Morosov
Jadea contra mi boca, como si al inicio se le dificultara seguir el ritmo del beso, como si mi voltaje fuera demasiado para el suyo.
Pero Cosima nunca me decepciona, porque rápidamente me devuelve el mismo entusiasmo que implemento contra ella, su voltaje iguala al mío, como si chispas se dispararan en medio de ambos con la electricidad que corre en medio de nosotros.
Me desequilibra, como si estuviéramos sobre una balanza y todo el peso se inclinara a su favor. Todo en ella me enloquece, me vuelve loco, me vuelve un poseso de cada una de sus curvas y exhalaciones.
No sé qué es lo que tanto me atrae de ella, físicamente es preciosa, preciosísima, tanto que incluso es doloroso mirarla. Sin embargo, debe ser algo más, algo que me hace querer poseerla, lo que me atrae hacia ella como una abeja a la miel, como una luciérnaga a la oscuridad.
Lo prohibido siempre sabe mejor y ella es la fruta prohibida de mi paraíso.
Mis demonios se vuelven mansos con su tacto mientras la siento poner sus manos tímidamente alrededor de mi cuello, se calman como si ella fuera la domadora de mis demonios, la que hace que todos ellos se concentren en sólo una tarea entre sí, poseerla.
Quiero marcarla, quiero que todo de ella grite que es mía, que cuando camine en la calle cada jodida persona que la vea sepa que es mía, que ella me pertenece, que tocarle siquiera uno de sus cabellos supone la muerte más dolorosa que podrían imaginar.
Sus lágrimas son mías, su dolor es mío, cada una de sus sonrisas deberán ser por y para mí, nada más. Todo de ella es mío.
La adoración que veo en sus ojos cuando me observa me eleva el orgullo a niveles estratosféricos, ha sido así desde que era más pequeña, siempre he sido yo. Nunca dejaré que nadie pueda tomar mi lugar, esa adoración siempre será dirigida hacia mí.
Veo la ilusión en sus ojos, veo como quiere que sea todo lo que ella espera.
No lo soy, mariposa, soy mucho peor.
Se queja cuando tiro con rudeza de su labio inferior, el sabor metálico de la sangre me llena la boca cuando rompo su piel, ingresando mi lengua a su boca mientras alivio el ardor que he provocado.
— ¿Qué estás haciendo conmigo? — le susurro, consiguiendo que sonría.
Me quita la camiseta, enviándola lejos de nosotros y pasando sus manos por todos los músculos de mi torso, raspando con sus uñas en el proceso. Si no tuviera el cuerpo lleno de tatuajes, podría observar los surcos rojos que de seguro ha dejado.
Aparto su blusa seguido del sostén, sonriendo con el siseo que sale de su boca cuando tiro de la ropa con dureza, dejando sus pechos a la vista. Sus pezones erguidos me hacen sonreír mientras aprieto. Son del tamaño perfecto para mis manos, sus pechos rápidamente adquieren un color rojizo, con las marcas de mis dedos, cuando aprieto la piel blanquecina.
Cosima comienza a retorcerse bajo mi cuerpo cuando tiro con mis dedos de la piel de sus pechos, magreándolos a mi antojo mientras desperdigo besos por todo su cuello, bajando por su clavícula, raspando con los dientes hasta que me llevo uno de sus pechos a la boca.
Me muevo rápidamente para desnudarla, hasta que su hermosa piel blanquecina resalta en las sábanas negras de mi cama. La idea de hacerla mía, sobre mi cama, me pone frenético el corazón mientras veo como intenta cerrar las piernas cuando llevo mi mano a su entrepierna.
— Abre — ordeno.
Sus mejillas adquieren un fuerte sonrojo cuando se percata de que mis ojos están fijos en su coño, en como la humedad es clara en sus pliegues mientras comienzo a repartir caricias lentas que la enloquecen.
YOU ARE READING
Big Blind
Ficção AdolescenteLibro 3.5 | Spin-off de la Trilogía Amores Letales Cosima Barone ha sido la princesa consentida de la mafia toda su vida, más aún desde que una de sus hermanas mayores tomó el liderato de la Camorra, seguida de su increíble participación en la mafia...
