—Ya quedó todo zanjado. Deja de preocuparte, cara, ya terminó —dijo su padre a modo de consolarla mientras ella arrastraba el tenedor por el plato sin comer ni un bocado—. Come, estás delgada, amore.
—¿Cómo sonaba mi padrino, papá? ¿Se escuchaba molesto? —preguntó con la mirada fija en algún punto del comedor.
—Sonaba relajado. No se sorprendió de que le contara que todo se hizo a escondidas de nosotros; entendió nuestras medidas contra Carlo y me dijo que era afortunado de tener una hija tan astuta —escuchar eso le dibujó una sonrisa a Angela—. Problema solucionado, deja de preocuparte. —reiteró con la boca llena.
—Un problema menos en mi agenda —puntualizó ella, viéndolo sobre la taza del café que bebía.
—¿Caso difícil?.
—Lo típico, lamentablemente típico. Un marido violento que acosa a mi clienta y, aparentemente, tiene que matarla para poder hacer algo. El bastardo sabe usar la ley a su favor —contó con amargura. De pronto, la comida ya no le supo bien.
—Ganarás, cara, tú siempre ganas.
—Gracias, papá. Bueno, debo irme, ella me pidió que almorzáramos juntas hoy —comentó mientras revisaba el reloj. Se levantó de la silla y tomó su bolso.
—Creí que no te involucrabas con los clientes —murmuró Vicenzo mirándole con diversión.
—Hago mis excepciones —respondió sonriendo—. Además, ella necesita que la escuchen, y me agrada, es divertida y me hace reír.
—Eso es bueno, te hace falta.
—Ja ja. No sé de que hablas, tengo un buen sentido del humor, me río muy seguido.
—Reírse a costa de los demás no es sentido del humor, cara.
—¿Quién lo dijo? —preguntó mientras se acercaba a su padre y dejaba un beso en su mejilla—. Adiós. No me esperes, hoy dormiré en mi casa —exclamó camino a la salida.
—¿Vendrás el domingo?
—Claro. Me hace falta nadar un rato.
{•••}
La pequeña cafetería era acogedora, pocas personas comían en las mesas dispersadas por el local. Angela y Chiara hablaban alegremente en un rincón apartado del lugar.
—Entonces, ¿qué opinas? ¿Crees que venda? —preguntó Chiara a su abogada, a quien ya consideraba una amiga, pero no pensaba decírselo.
—Es muy atractivo. Si caminara por la calle y esto estuviera en el aparador es seguro que voltearía —comentó Angela viendo el diseño de la portada que Chiara había hecho para la revista en la que trabajaba.
—¿La comprarías?
—Pensaría que es bonito, y cuando leyera la noticia de que fueron capaces de engañar a Violet, me la compro —aseguró, refiriéndose al titular estelar sobre la aventura que el esposo de la famosa actriz había tenido y el divorcio que estaba tomando lugar—. Seguro pedirá pensión el infiel —murmuró concentrada en la revista y con intensión de hojear un poco.
—Hey, hey, no leas. Es una exclusiva con ella. Espera hasta el lunes —exclamó Chiara arrebatandole la revista, Angela chasqueo la lengua.
—No seas así... no diré nada a nadie. Privilegio abogada-cliente.
—Lo siento, pero no —la abogada resopló.
—Bien. A la próxima trae títulos falsos porque me dejas con la intriga —Chiara se echó a reír, no se le pasó por alto la palabra clave en la oración: "a la próxima", ella quería seguir siendo amiga suya.
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Angela ● abogada de la Mafia.
RomanceNeilan Mancuso es el primogénito del actual capo de la mafia italiana. Nació en las profundidades de un mundo inundado de peligro, muerte y traición, y fue criado para ocupar el trono. Cuando el heredero ve a Angela Demontis ajustar cuentas con un...
