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Otro domingo

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Las flores no dejaron de llegar el resto de la semana, las cenas tardías tampoco cesaron y los ojos ocultos no pararon de seguir a su objetivo. Y al llegar el domingo, el invitado poco usual de la vez anterior se presentó nuevamente, pero por otra razón aparte de perseguir a la hija del señor Demontis.

Vicenzo permaneció callado después de escuchar el plan que Neilan había trazado para que su hijo lo siguiera. Bruno, quien decidió no intervenir más en las acciones para deshacerse de los Parisi y dejar todo en manos de su hijo, evitó la mirada de su amigo al enterarse del peculiar pedido que se le había hecho a Gian y el riesgo al que iba a exponerse. Era el golpe más grande que se le había asignado desde que tuvo edad para "trabajar", lidiar con soldados de bajo rango no era comparable a desarmar la pirámide de una conspiración desde adentro; todo parecía más una especie de prueba.

—Mata a esos tipos, se une a los Parisi, te da el apellido de los traidores, ¿y luego qué? —cuestionó con la voz amortiguada al cubrirse la boca con las falanges de los dedos. Su actitud era un radical contraste a la calidez que había mostrado pocos minutos antes al recibirlos. Estaba ceñudo y pensativo, sin ver a ninguno de los presentes.

—Acabamos con los Parisi y cada uno de sus asociados —respondió Neilan.

—Gian tendrá que huir y los traidores perseguirán a mi familia

—Ocultaremos a Gian muy bien. Tenemos contactos en varios países. Protegeremos al resto de su familia. Limpiaremos la institución antes de que alcancen a tocarlos.

Vicenzo miró fijamente a su hijo, quien asintió.

—Bueno, está decidido, y es objetivamente un buen plan —concordó dejando caer las manos sobre los reposabrazos del sofá, devolviendo su atención al tablero de ajedrez en la mesita.

Los dos involucrados en el plan se quedaron allí, sentados frente a los dos oponentes del juego de mesa que prosiguieron con la partida. A Bruno le irritó la presencia incómoda de ambos y mirándolos por el rabillo del ojo habló:

—¿Y por qué siguen aquí? ¿Quieren una estrellita en la frente y un beso? ¡Largo! —refunfuñó, agitando la mano en dirección de los testigos. Con cierto alivio y una sonrisa, los dos salieron del salón y los dejaron jugar en paz.

—¿Tienes fuego? —preguntó Gian al heredero mientras avanzaban a lo largo del pasillo.

—No.

—Creí que fumabas.

—Me robaron el encendedor.

—¿Quién te robaría? —masculló Gian buscando su propio encendedor en las bolsas de su saco—. ¿Te quedas? A mi hermana no le molestará que te unas, habla hasta por los codos con quien sea.

"Lo sé" pensó Neilan, recordando que justo la noche anterior ella había sostenido gran parte de la conversación sin cederle la palabra, algo a lo que ya estaba acostumbrándose.

—¿Le dirás? —Gian lo miró como si hubiera hecho la más estúpida pregunta del universo, le contestó sin detener sus pasos.

—Claro que le diré, es mi hermana; no voy a desaparecer sin avisarle, es capaz de encontrar mi paradero.

Mancuso se preparó para cualquier reacción desagradable por parte de la abogada. No creía que se tomara a bien la tarea que había dado a su hermano.

Tuvo más tiempo para retrasar los reproches, pues al salir a la piscina, Angela no les esperaba despierta. En una de las sillas alargadas que el fin de semana anterior le habían servido como escenario para seducirlo hasta los huesos, la abogada dormía. Llevaba un ligero enterizo blanco que cubría sus piernas un poco arriba de las rodillas, y parecía existir en un mundo aparte al de ellos; su cabello de vibrante rojo resplandecía por el contraste con su ropa clara; al igual que su boca carmín intenso, sus mejillas levemente coloreadas por la luz del sol y el barniz de igual tono que decoraba sus uñas brillaban en contraste con su piel pálida. El rojo se prendía a su persona como una advertencia, o bien una tentación, que era lo que a Neilan le parecía; ver esas pinceladas de un color que evocaba tantas cosas sobre su cuerpo, le incitaban a crear más, con sus propias manos, con su propia boca. 

Angela ● abogada de la Mafia.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora