Mala hierba...

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El doctor salió por fin a la sala de espera donde la familia de la paciente aguardaba por noticias de su condición, y al explicar a detalle el procedimiento quirúrgico que duró más de cuatro horas, obtuvo como respuesta caras de confusión.

—Ajá, ¿y en idioma humano promedio, doc? —preguntó Santino colocando el brazo entre el médico y su desesperado primo que parecía querer ahorcarlo.

—La señorita Demontis sufrió dos impactos de bala. El primero sólo rozó su muslo izquierdo; dejó una herida, pero nada grave. El segundo, en cambio... impactó su abdomen, del lado izquierdo también, rebotó en su costilla, lo que perforó el pulmón y también afectó el bazo. Afortunadamente fue intervenida a tiempo antes de que el pulmón se llenara de sangre y colapsara. Su costilla sanará y la herida en el bazo no fue crítica, por lo que no hubo que extirparlo. Ahora mismo se encuentra estable y con los correctos cuidados se recuperará.

—Gracias a Dios —murmuró Vicenzo.

—¿Podemos verla? —preguntó Neilan.

—Sí. Aún faltan un par de horas para que el efecto de la anestesia pase; y cuando despierte puede que no sea muy coherente, esto es completamente normal.

Una enfermera los guió a la habitación de Angela. El doctor, que llevaba años trabajando con la familia Mancuso, esperó pacientemente a que el resto del grupo se adelantara y detuvo a Neilan por el brazo, este lo miró con extrañeza.

—Ella es su pareja, ¿cierto?.

—Mi prometida.

—Entonces tengo que decirle que encontramos algo más —él temió que se tratara de alguna enfermedad grave cuyo avance ya no fuera posible detener, y siguió escuchando con el corazón en vilo, esperando lo peor, pero la pequeña sonrisa del doctor anunciaba algo distinto: —Felicidades, señor Mancuso, la señorita Demontis está embarazada. El análisis de sangre lo mostró.

Era lo último que esperaba escuchar. La noticia lo golpeó como una tempestad furiosa y llena de muchas emociones que eran difíciles de procesar al mismo tiempo. El desconcierto lo dejó mudo por un momento, y al pasar los segundos, entre la abismal sorpresa y confusión, brotó una inevitable felicidad. Una brisa pura le llenó los pulmones de infinita alegría. Angela embarazada, esperando un bebé suyo; iba a ser padre, cumpliría uno de sus sueños junto a la mujer que amaba, decir que estaba contento era poco.

—¿Cuánto tiempo? —inquirió con una sonrisa intentando escapar de su boca.

—Eso es difícil de calcular. Lo mejor es preguntarle a ella la fecha en la que inició su última menstruación y hacer un estimad-

—Fue hace un mes. El veintiuno.

—Oh, bueno, aproximadamente once días después de esa fecha pudo haber sucedido la fecundación.

Su mente voló a una fecha en específico, cuando después de cenar en un balcón luminoso, la había tomado sobre la mesa. Pero una súbita amargura interrumpió sus ideas al recordar la actual situación en la que su mujer se encontraba. La sonrisa se esfumó de su cara en un instante.

—¿Y ese embarazo no es riesgoso? ¿Ella estará bien si continúa? Dígame.

Tenía la costumbre de inclinarse a la posibilidad más fatalista de todo escenario cuando se trataba de la salud de Angela, se había dado cuenta de eso ese mismo día. El doctor meneó la cabeza mirándolo con comprensión.

—No es el embarazo más seguro, pero es viable con las precauciones adecuadas. Debe cuidarse mucho más de lo normal debido a lo ocurrido para que durante el proceso de recuperación tanto ella como el feto evolucionen bien y el resto de la gestación suceda normalmente. Recetaré medicación especial para su estado; también la referiré a una obstetra, para ponerla en control inmediato; a un nutriólogo... —Neilan asentía a cada cosa que salía de la boca del médico y trataba de memorizar todos los cuidados que enlistaba. La emoción y la preocupación giraban en su corazón como un carrusel sin fin—... Posiblemente en unos días podrá volver a casa, y deberá seguir las indicaciones, tanto para ella como para el bebé.

Angela ● abogada de la Mafia.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora