Aurelio conmocionó las entrañas de Angela al dejar caer ese corto y revelador enunciado. Le sorprendía y al mismo tiempo no, por el simple hecho de que Tony Mancuso en vida fue un promiscuo casi patológico. Incluso cuando había muerto mientras ella iniciaba el kinder, conocía por habladurías lo fácil que solía ser pasar la noche con él, y no le extrañaba que fuera así, tenía que admitir que, a pesar de haber sido un trozo de basura con patas, estaba también muy bueno, como un dulce relleno de mierda.
"Que desperdicio" pensó la primera vez que tuvo oportunidad de ver una fotografía de él en un álbum familiar, en la que aparecía junto a su padre en la sala de la mansión Mancuso.
Ahora, viendo a Aurelio con detenimiento podía encontrar cierta semejanza. Santino era el más parecido a Tony entre los dos hijos de Ciana, tenía sus mismos ojos de un marrón claro y los párpados caídos que los hacían lucir dormilones; igual cabello lacio y de color negro profundo como el carbón; y la nariz fina y la mandíbula marcada justo como él. Veía que en la cara de Aurelio habían dos ojos de igual color, bajo el tinte había un cabello con la misma oscuridad y tenía los bordes del rostro bastante similares a los de Santino y Stefano... sus hermanos.
—Sí... —suspiró Aurelio viendo al sicario con diversión—, yo también tardé en procesarlo al principio. Mi madre esperó a mi cumpleaños dieciocho para decírmelo. Mi padre nunca quiso hacerse cargo de mí, de hecho nunca aceptó que yo era su hijo; creía que mi madre se había metido con toda la puta Italia, como él. Era un malnacido. Supe que tu familia se había burlado de mí por años, dándome malditas migajas cuando tenía derecho de todo.
—Mi tío te amaba, Aurelio —pronunció Santino con la mandíbula tensa del dolor que sufría por la herida de bala. La sangre brotaba lentamente —. Te amaba, y si hubiera sabido que eras-
—¿Crees que no lo sabía? —escupió con burla—. Tú y yo sabemos cuanto quería a Tony, lo unidos que eran; claro que lo sabía —Santino negó sin abrir la boca—. Lo sabía. Y tal como hizo con tu madre, supo que el infeliz de su hermano me había despreciado y lo ignoró. Yo merecía lo mismo que tú, que Stefano, que Neilan —bramó apretando los dientes. Sus facciones tenían el filo del resentimiento—. Era uno de ustedes. Merecía todo eso que les daban porque sí, sin mover ni un dedo, mientras yo vivía en la mierda y me esforzaba por cada puta cosa que quería. Era injusto. Sigue siendo injusto. Yo soy un Mancuso también; me merezco todo lo que me robó Tony, y voy a tomarlo. Lo quiero todo y voy a tomarlo.
—¿Y cómo piensas hacer eso? —cuestionó Santino, no sin mofa—. Ya no hay nada que puedas hacer para lograrlo. Eres un fugitivo, de la policía y de nosotros; no hay escapatoria. Se acabó, Aurelio.
—No, te equivocas. Tengo lo más valioso justo aquí —rozó la mejilla de Angela con la yema de los dedos antes de rodear su cintura con el brazo libre y jalarla hasta tenerla pegada a su costado. Ella se quedó rígida, como un maniquí sin emociones, su cara no demostraba más que un semblante indiferente, aunque por dentro su cerebro corriera a la velocidad de la luz.
—Si la tocas, no habrá dios que te salve. Déjala ir.
—¿Dejarla ir? —rió hasta las lágrimas—. No. Si no tengo nada, ustedes tampoco lo tendrán. Dije que lo tomaré todo, aquí lo tengo todo —exclamó apuntando esta vez bajo la quijada de Angela—. No voy a caer en el infierno sin llevármelos conmigo.
—Podemos darte lo que quieras —habló ella tratando de que su voz no le fallara exhibiendo el miedo que le fluía en la sangre, y tomando a Santino completamente desprevenido—. Puedo convencer a Neilan de darte lo que mereces, incluso ayudarte a escapar del país. Sé que podemos llegar a un acuerdo —le dijo mirándole a los ojos.
—¿Eso crees tú? —asquerosas gotas de su saliva salpicaron la cara de Angela mientras se carcajeaba—. ¿Tú? ¿La mayor hija de puta mentirosa que existe? Te paraste en esa corte y lo defendiste aún cuando sabías que era culpable de todo —murmuró furioso presionando el cañón en su piel—. Todo contigo es un puto juego; harás algo y acabaré perdiendo yo. No te lo permitiré. Aquí no eres nadie, Angela. Sólo eres la ramera de Neilan que carga con sus malditos bastardos... que mala suerte tienes —le dijo al oído con una fingida voz triste. Angela se tragó las náuseas al sentir el vapor de su aliento sobre la oreja. Odiaba tener su mano encima, su cuerpo tan cerca, lo odiaba, y odiaba más sentir como la boca del arma se hundía en la piel de su barbilla—. Quiero confesarte algo; cuando dije que iba a tomarlo todo, lo dije casi literalmente. Tú cometiste un error al convertirte en su todo y yo voy a tomarte; tomaré lo que llevas en el vientre y luego tomaré tu vida. Pero antes... —ella arrugó la cara al sentir el deslizamiento de su repulsiva lengua a lo largo de su mejilla. Se encontró con la mirada de Santino, la cual evidenciaba impotencia e ira—. Dale un último mensaje de mi parte a Neilan, hermano —se dirigió a Santino—, que ya no hable de negocios en esa mansión; por la ventilación uno se entera de todo —escupió entre risas. Su fatídica atención volvió a estar sobre Angela, a quien sentir su tacto recorriendo su espalda y su respiración soplando en la tez le produjo asco.
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Angela ● abogada de la Mafia.
RomantikNeilan Mancuso es el primogénito del actual capo de la mafia italiana. Nació en las profundidades de un mundo inundado de peligro, muerte y traición, y fue criado para ocupar el trono. Cuando el heredero ve a Angela Demontis ajustar cuentas con un...
