—Britney…
—Mjm.
—Esto… ¿qué tal fue?
—¿Qué tal fue, qué? —Se inclinó hacia mí y me observó con sus grandes ojos.
Estábamos semidesnudos, tumbados boca arriba en el piso cerca del borde de las piscinas.
—Ya sabes, lo que acaba de suceder entre nosotros, ¿te gustó? Si no te gustó o si hice algo mal o fui torpe o no duré demasiado… lo siento…
—Fue increíble —sentenció—, mejor de lo que esperaba. —se acercó y me robó un pequeño beso.
—Uff que alivio —solté aliviado—. Es que, ya sabes, como fue mi primera vez, me daba un poquito de nervios. Pero ya vez, soy una máquina…
Se empezó a reír.
—Hice todo el trabajo sucio, todo el mérito lo tengo yo.
—Tampoco así, no soy taaan inexperto… —me defendí.
—La teoría no es nada sin la práctica. Espero haber sido una buena profesora. —me guiñó un ojo y sonreí con picardía.
—No estoy seguro, en un par de clases más te digo —afirmé con sorna—. Soy un alumno muy difícil, a veces me porto mal.
—Me agradan los estudiantes que se portan mal. —susurró con picardía.
En ese momento, después de todo lo que acabábamos de hacer, sentí que era hora de sacar a la luz algo que por tanto tiempo había guardado.
—Quiero ser director de cine. He pensado mucho en eso y es lo que más deseo en la vida. Me gustaría dirigir una película de esas que pasan a la historia siendo amadas por largas generaciones, con el mejor guión, la mejor banda sonora, los mejores actores y que tenga escenas inolvidables. Para lograr que millones de persona puedan disfrutarla en los cines de todo el mundo.
—Es un sueño ambicioso y muy lindo. —me dijo acercándose más a mí.
—Mi madre me decía que si vamos a soñar debemos hacerlo en grande —le conté—. Nunca debemos ponerle límites a nuestros sueños y aspiraciones. ¿No tienes un sueño así de grande?
Se aclaró la garganta.
—Quisiera tener mi propia casa. Una pequeña en un lugar rodeado de árboles. Tener una familia numerosa y perros y gatos. Eso es lo que más deseo en esta vida.
—Eso es...
—Patético, lo sé.
—No, es muy lindo —la contradije—. Sabes, mi mayor miedo es lo contrario a tu sueño. Me aterra la idea de quedarme solo. Ya sabes, cuando sea viejo y eso. No sé por qué, pero me imagino en una casa en un día de esos muy soleados en los que la claridad que entra por las ventanas es casi insoportable. Estoy sentado frente a una mesa repleta de comida, pero a mi alrededor las demás sillas están bacías y no tengo con quien hablar. Es tan deprimente que en casa no puedo cenar cuando estoy solo, me imagino que ese es el inicio de mi pesadilla y pierdo el apetito.
—Eso es…
Repetí sus mismas palabras. —Patético, lo sé.
—No, es deprimente, tienes que luchar por lograr un sueño parecido al mío. Así matas dos pájaros de un tiro.
Asentí para luego añadir —Oye, creo que es hora de regresar a la fiesta.
—Prefiero ir a casa. No me gusta dejar a mi abuela sola por tanto tiempo.
Sin decir nada nos vestimos y regresamos a la fiesta. Eran pasadas las once. Fuimos directo hasta donde estaba Harrison.
—Oye, Harri, ya nos vamos. —le dije en cuanto estuvimos a su lado.
ESTÁS LEYENDO
El taller de los imperfectos
RomanceMaicol es un bicho raro, un invisible, un marginado, como lo quieran llamar, pero su realidad cambia cuando a su mesa llega una chica rara con nombre de cantante, desde ese momento su vida da un giro de 180 grados y se ve en situaciones que jamás im...
