Odiaba las situaciones incómodas y odiaba también destruir la burbuja de seguridad que con tanto esfuerzo había creado para estar seguro. Quería salir, conocer gente y hacer amigos, pero a veces me costaba lograrlo. Era como si de la nada hubiera olvidado como socializar. Antes, cuando mi madre estaba viva y asistía a clases sin ninguna preocupación en la cabeza todo era más sencillo. Tenía amigos, salía con ellos, a jugar al parque, a montar bicicleta con Harrison y era todo tan natural que no me daba cuenta de lo fácil que era. Todo cambió cuando mi madre enfermó y murió tiempo después. Ellos se apartaron, todos se alejaron y me vi obligado a aprender a estar solo. Por mucho tiempo imaginé mi reencuentro con aquella chica del hospital. Sin darme cuenta me aferré a la idea de encontrarla, creía que ella me iba a entender, que tenía una vida tan solitaria como la mía. Fui muy ingenuo, ella continuó, mi padre y mis hermanos continuaron, en cambio yo me quedé en el frío pasillo de aquel hospital sin avanzar hacia ningún lado. No me gustaba pensar en el tema. Aprendí a callar y neutralizar mis demonios leyendo y viendo mucha televisión para de esa forma mantener ocupada la mente. Pero a veces te encuentras rodeado de risas, carcajadas, de gente que apenas ha vivido un tercio de lo que tú viviste y no importa que tan alta esté la música o que tan alto hablen todos a la vez, algo dentro de ti se rompe y duele tanto como el primer día. Lo malo de bloquear por mucho tiempo lo que sentimos es que en un descuido todo sale como un maremoto arrasando con todo.
Estaba en la fiesta a la que me invitó Leandro. No sabía qué hacía en aquel lugar tan pijo con aquellos chicos que apenas conocía del instituto. Lo peor no fue que estuviera en un rincón al lado de una pareja que se besaban y tocaban explícitamente, ni el hecho de que sólo conocía a Leandro en aquel lugar, lo peor fue que no vi a Amber por ningún lado. Era su casa y ella no estaba en la fiesta que había en ella. Una parte de mí se sintió aliviada al no verla pero otra muy en el fondo se desilusionó. Quería saber por qué estaba tan triste, la Amber que conocía nunca se perdería una fiesta y menos en su propia casa.
Ajeno a lo que sucedía a mi alrededor la busqué con la mirada, sabía que si la veía entre aquellas personas me iba a sentir mejor. Una parte de mí la quiso ver aunque estuviera con su novio, no me importaba eso en ese momento. La prefería ver feliz aunque estuviera con otro chico.
—¿Verdad, Maicol?
Mi atención regresó a los chicos que me rodeaban y supe que me habían estado hablando.
—Dime.
—Que si tú eres el raro del video que salió ayer en X y Facebook —preguntó Ernesto Dumas y me aclaré la garganta antes de responder no muy seguro de por qué ese idiota me estaba hablando después de empujarme en la cafetería el día que iniciamos el plan.
—Ah sí, ese soy yo.
—Espera, tío, ¿tú estás saliendo con la golfa de Britney?, esa tía está loca.
Fruncí el ceño de inmediato y hablé con un tono cortante. —Te aconsejo que no le digas así.
—¿Me aconsejas?, ¿y si lo hago qué va a pasar? —cuestionó el chico con cara de querer darme una paliza. Apreté los puños a mis costados con ganas de borrarle esa sonrisa de arrogancia.
—Si lo haces te voy a partir la cara. —Un Maicol que hasta entonces no conocía se apoderó de mí.
—Al parecer te la chupó bien la muy pu…
Negro, todo se oscureció de pronto por la ira que sentí en ese momento y cuando me vine a dar cuenta estaba encima de aquel chico golpeando su cara con un odio que hasta ese momento no conocía. Alguien me tomó por los brazos y me arrastró hacia atrás.
El chico tenía la cara colorada y me observaba con sus ojos agrandados. Estaba asombrado, al parecer no se esperaba que le fuera a dar esos golpes, créanme, tampoco yo lo esperaba.
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El taller de los imperfectos
RomantikMaicol es un bicho raro, un invisible, un marginado, como lo quieran llamar, pero su realidad cambia cuando a su mesa llega una chica rara con nombre de cantante, desde ese momento su vida da un giro de 180 grados y se ve en situaciones que jamás im...
