En cuanto abrí los ojos en la mañana pensé en lo que había sucedido la noche anterior y sonreí involuntariamente, fue difícil no hacerlo. Había sido una noche increíble, con todo y lo de Amber y su novio. Saber que todo este tiempo había estado equivocado con respecto a Harrison me llenaba de esperanzas, siempre quise hacer las paces con él aunque me negaba a reconocerlo ante mi familia y en ese momento me daba cuenta de que aún podía intentarlo. Pero lo más especial de todo fue Britney, ella me sorprendió de verdad. A veces dudaba si la forma en la que me miraba era ficticia o no y me daba miedo pensar en eso. No quería que sucediera de nuevo, el amor no estaba hecho para mí. Yo era uno de esos chicos destinados a amar y condenados a no ser amados. Amber era como una estrella lejana y yo venía siendo un simple astronauta limitado a observarla desde la lejanía. Y Britney, ella era mi amiga, no quería pensar en ella de otra forma, no la quería perder y de sobra sabía que si se mezcla amistad con amor nada bueno sale.
—De nuevo tienes esa cara. —habló mi hermanito después de dar un largo bostezo y salté del susto. Había olvidado que estaba a mi lado en la cama.
—¿Qué cara? —Me hice el desentendido.
—La cara de enamorado. ¿Es por Britney e? —subió y bajó sus cejas pobladas.
—¿Qué sabes tú de amor? Anda, ve a cepillar tus dientes y déjame dormir que es domingo.
Me metí debajo de las sábanas de nuevo. Aún estaba cansado y tenía mucho sueño. Había regresado pasada la media noche.
A mi mente llegó Britney bailando frente a la hoguera, eran imágenes nítidas, como si en realidad todo aquello hubiera sido un sueño, uno de esos sueños que no queremos olvidar. Cuando estaba casi dormido recordé algo y abrí los ojos de golpe.
—¡Mierda que es domingo! —exclamé poniéndome de pie.
—Miguel, sal del baño, necesito salir.
—Qué gano si salgo rápido. —contestó con el cepillo en la boca. Lo imaginé del otro lado con una sonrisa cruel.
—¡No seas malo, ese es mi baño! —grité exasperado.
—Ni sias mili, isi is mi biñi. —me imitó con una voz irritante y me pasé una mano por la cara irritado.
—Miguel, por dios que Britney me está esperando.
—¿Vas a salir con Britney?, lleeeevame. —por fin asomó su cabeza desgreñada por la puerta.
—No puedo, irémos a un lugar de adultos. —contesté y me apresuré en sacarlo completamente y entrar.
Al salir del baño me lo encontré aún allí con su carita de inocente y sus ojos aguados.
—¿Y ahora qué tienes? —pregunté sin saber si era buena idea hacerlo.
—No me quiero quedar solo…
Lo miré serio, aunque sus palabras calaron en lo más profundo de mi corazón. Al final puse los ojos en blanco.
—¿Quién te enseña todas esas cosas? Ni creas que te cogeré lástima. Te dije que no puedes ir y cuando digo que no es no.
Cinco minutos después…
—¿A dónde iremos? —preguntó mi hermanito dando pequeños saltitos a nuestro lado mientras caminábamos por la acera.
—Al hospital a inyectarte por pesado. —Respondí con una sonrisa malvada.
Britney me dio un manotazo. —No le mientas al pobre niño. Vamos al gimnasio.
Miguel hizo una mueca y lo fulminé con la mirada. —Te dije que no era un lugar para niños.
ESTÁS LEYENDO
El taller de los imperfectos
RomanceMaicol es un bicho raro, un invisible, un marginado, como lo quieran llamar, pero su realidad cambia cuando a su mesa llega una chica rara con nombre de cantante, desde ese momento su vida da un giro de 180 grados y se ve en situaciones que jamás im...
