Capítulo 4

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Lo siguiente que sentí después de leer el mensaje no lo puedo comparar ni con un orgasmo. Un campo de energía electrizante recorrió todo mí ser y al mismo tiempo hizo que me sintiera como un astronauta flotando en el espacio. Por un segundo volví a creer que estaba en un sueño, uno muy loco en el que la chica que amaba me escribía un mensaje. ¿Pero qué creen? ¡No estaba soñando! Lo sé porque me tomé la molestia de darme un pellizco en el brazo y me dolió.

De inmediato solté el celular, salté en la cama, mordí una almohada, bailé, di vueltas hasta caer en mi revuelto colchón y agité los pies en el aire como escarabajo. Amber estaba loca. A esa conclusión llegué. Primero pasaba de mí y fingía que no me conocía. Después me aceptó la solicitud de amistad en Facebook, pero nunca me escribió. Luego volvió a fingir que no me conocía de nada y por último me envió un mensaje "preocupada" por la forma en la que me fui de la fiesta. No tenía sentido su comportamiento. ¿A qué estaba jugando? Ni siquiera me había hablado en dicho lugar. En ese momento esa frase de que a las mujeres no había quien las entendiera estaba cobrando sentido para mí.

Algo que sí o sí debía tener presente era que tenía novio y se veía felizmente enamorada de él por lo que era mejor aterrizar y no hacerme muchas ilusiones. Aunque eso para mí era difícil. Siempre me costó mucho no pensar las cosas y dejarlas pasar sin inventar mis teorías alocadas. De todas formas prefería no montarme una película para no desilusionarme.

Eso, no corras o te vas a llevar los dientes al aterrizar.

Suspiré cansado. Esa sí que era una sorpresa. No me lo podía creer. Maldije que fuera viernes y que tuviera que esperar todo un fin de semana para volverla a ver en los pasillos del instituto. Esa si era una motivación para ir a clases. Nunca deseé tanto que llegara el lunes como ese viernes en la noche.

Después de darle mil vueltas a todo lo sucedido me dormí sin responder ningún mensaje. Estaba muy cansado y dudaba que fuera capaz de mandar un buen mensaje a esa hora. Tenía que estar muy despierto y tener mis cuatro neuronas funcionando juntas para poder decir algo que sonara lo menos estúpido posible.

A la mañana siguiente, después de desayunar y enviarle un mensaje a Leandro para disculparme por lo del día anterior, fui directo a la casa de Britney. Ahora más que nunca necesitaba de su ayuda. Ya que su abuela me conocía me dejó entrar de inmediato y me indicó que subiera a la habitación de la chica.

Toqué dos veces y abrió la puerta como si nada. Aunque, al verme se sorprendió y dio dos pasos hacia atrás. Después regresó a su lugar y cerró la puerta en mi cara.

— ¡Oye, casi me das en la nariz!

Abrió un minuto después. —Ahora sí, puedes entrar.

— ¿Por qué hace un rato no podía?

—Estaba en ropa interior y tú eres un chico. —desvío la mirada para sentarse en la cama.

La miré reprimiendo una sonrisa. 

— ¿Qué? Aunque no lo creas soy muy sexi. —recorrió sus manos por sus senos y por un segundo la vi con otros ojos. De inmediato pestañeé apartando esos pensamientos de mi mente. Ella sonrió malévolamente.

Me aclaré la garganta. —Tengo noticias. Amber me escribió.

— ¡No! —exclamó ilusionada—. ¿Cómo fue? ¿Qué te dijo? ¿Se enviaron fotos calientes?

Pestañee —¿Qué?

—Ok, olvida lo último y responde a lo demás.

—Me escribió porque me fui de la fiesta en la que estábamos sin avisar...

— ¡Qué!

Puse los ojos en blanco. —No imagines cosas que no son.

—¡Te la follaste!

El taller de los imperfectosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora