¿Qué me estaba pasando? Tuve que darme una bofetada mental para reaccionar ante lo que veían mis ojos. Britney parecía otra persona, otra chica más sensual y llamativa. Lo estaba haciendo a propósito.
—¿Nos vamos? —dije y en realidad quería decir. Ese vestido te queda como un guante.
—Papá, nos vamos.
Mi padre apareció con una sonrisa y supe que estaba confundiendo todo. Aquello no era una cita, ¿o sí? ¡QUE ALGUIEN ME LO EXPLIQUE!
—Maicol, ¿recuerdas lo que te dije la otra mañana? —asentí sabiendo lo que quería decir. Se refería a que me debía portar bien—. Tampoco debemos ser tan extremistas.
Me guiñó un ojo y me puse rojo. Britney se dio cuenta y antes de que preguntara algo la saqué de casa.
Afuera nos estaba esperando Leandro con su hermana y otro chico. El chico iba detrás y ellos delante. Nos presentaron aunque no era necesario, sabía quién era aquel chico de piel morena y cabello afro. ¿Qué hacía Harrison en aquel lugar? Él hizo lo de siempre, fingió que no me conocía y yo hice lo mismo. De igual forma estaba incómodo. El pasado podía llegar a doler y ese chico que estaba saliendo con la hermana de Leandro en su momento había sido mi mejor amigo. De vez en cuando nos mirábamos y desviábamos la mirada. Los recuerdos iban y venían. Harrison en bicicleta, sudado, riendo, enyesado por la caída más estúpida de la historia. En cada recuerdo de mi niñez aparecíamos juntos y luego, nada, hasta ese día.
En ese momento me entraron ganas de llorar, por mí, por él, por mi madre, por Miguel, por lo que se había ido. Mi respiración se empezaba a agitar y traté de ocultarlo con todas mis fuerzas, no quería dar un espectáculo en aquel lugar. Sabía que era aquello que estaba sintiendo, ya me había sucedido otras veces, estaba empezando a tener un ataque de pánico. Para mi sorpresa cuando estaba a punto de estallar la mano de Britney tomó la mía y la apretó. Se había dado cuenta de que lo necesitaba. La apreté con fuerza sabiendo que no todo estaba mal. Aún quedaban cosas buenas. Respiré más aliviado y la miré para agradecerle con la mirada.
En cuanto llegamos vi a Amber, estaba sentada en la arena alrededor de una hoguera con su novio. Este último la abrazaba mientras le decía cosas al oído. De entrada me dieron celos. Se veían bien juntos y me dolió que ella se riera de lo que él le contaba. Britney tomó mi brazo y enredó el suyo con el mío al estilo pareja feliz. Harrizon pasó por nuestro lado seguido por Leandro y Lisi. Sabía de sobra que iba a ser una noche larga y muy pero muy incómoda.
Lo primero que hicimos fue saludarnos. Cuando me tocó a mí, para mi pesar, le estreché la mano al idiota del novio de Amber, a Brandon. Este, al estrechar mi mano, la apretó con tanta fuerza que por un segundo creí que me la quebraría. Pero, ¿saben qué?, aguanté y no le di la satisfacción que quería.
Luego llegó el turno de Amber y antes de que pensara en la posibilidad de acercarme me tendió la mano y la estreché sintiendo aquel contacto como si fuera un balde de agua fría. Supuse que seguía enfadada por lo del mensaje.
Era la primera vez que iba de noche a la playa. Las primeras veces me costaban, prefería ir a lugares previamente conocidos. Para mi sorpresa me sentí bien después de un rato. La compañía resultó ser mejor de lo que creía. Leandro sacó una botella de vino y mientras hablábamos de cualquier tema nos la pasábamos. Britney, para mi sorpresa, se supo integrar al grupo y nos habló sobre su abuela y lo divertido que era vivir con ella. Por su parte Leandro nos contó que estaba interesado en una chica de las de primer año y que estaba pensando en pedirle que lo acompañara al baile de primavera. Mientras tanto Brandon habló sobre el futuro que tenía como deportista, el puto cliché, y eso me molestó un poco aunque fingí que nada sucedía.
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El taller de los imperfectos
RomanceMaicol es un bicho raro, un invisible, un marginado, como lo quieran llamar, pero su realidad cambia cuando a su mesa llega una chica rara con nombre de cantante, desde ese momento su vida da un giro de 180 grados y se ve en situaciones que jamás im...
