Capitulo 24

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Seguíamos en el cementerio. Esta vez nos encontrábamos frente a la lápida de mi madre. Miguel observaba aquel nombre fijamente y me pregunté si la recordaba, era muy pequeño cuando ella murió. Aún recordaba sus gritos ensordecedores. Él era el único que no podía entender por qué su mamá ya no estaba.

—¿Ella está ahí? —Preguntó y sus ojos se encontraron con los míos.

—Su cuerpo está ahí, pero ella está aquí —apunté su corazón—. Nunca lo olvides. Sé que últimamente te has sentido solo, pero te juro que eso va a cambiar. Cada vez que lo desees podemos venir a traerle flores o simplemente a hablar con ella.

Amber se agachó a su lado y le apartó el cabello rebelde de su rostro. Miguel era el único de nosotros que había sacado el cabello rojo revuelto de nuestra madre. A veces se le metía en los ojos.

—Sabes, Miguel, mi padre también se fue, ¿y sabes lo que me dijo una persona muy sabia cuando sucedió? —me dio una miradita de reojo antes de continuar—. Que desde ese momento jamás iba a estar sola porque mi padre iba a estar siempre como un ángel protegiéndome. Tú mamá en estos momentos es un ángel y desde el cielo siempre te va a estar cuidando.

El chico miró hacia el cielo y le tiró un beso. Tuve que aguantar las lágrimas. Al vajar la vista volvió a observar a Amber y luego a mí. Entendí lo que me quería decir.

—Olvidé presentarlos —me apresuré a decir—. Amber, él es Miguel. Miguel, ella es Amber.

—Y ella de donde Sali… aah.

Mi hermano abrió mucho los ojos y supe que iba a decir algo fuera de lugar.

—¿Por qué pones esa cara? —Preguntó ella divertida.

—Porque tú eres la chica que…

Tapé su boca y reí restándole importancia. —No lo escuches, no sabe lo que dice.

Ella reprimió una risita. Al final solté a mi hermanito con mi mejor mirada asesina. No dijo nada, se limitó a mirarnos primero a uno, luego a la otra y a sonreír fingiendo que no lo hacía. En cuanto pude llamé a mi padre y le dije que Miguel había aparecido para que no se preocupara.

Después compramos dos ramos de flores y se las llevamos a mi madre y al padre de Amber. En parte fue bueno que estuviéramos juntos en ese momento. Se sintió como si retomáramos las vidas que habíamos dejado atrás hacía tres años. Estábamos ahí juntos a pesar de las interrogantes que quedaban por esclarecerse y eso era lo importante.

Al salir del cementerio a Amber se le ocurrió que Miguel decidiera un lugar al cual salir.

—Maicol Benet, eso es ridículo, totalmente ridículo. —gritó mi padre cuando le dije que no iríamos a casa como imaginaba.

—Ja —Me reí—. Te pareces a cierto personaje de Miraculous, Papá.

—Estoy hablando en serio. ¿Cómo es posible que Miguel salga de casa sin nuestro permiso, se monte en un camión con un desconocido, valla solo al cementerio y ahora lo quieras premiar llevándolo al parque de atracciones?

Pasé la mano por mi cara frustrado. Miguel y Amber montaban en el carrusel mientras comían algodón de azúcar divirtiéndose mientras yo pagaba los platos rotos.

—Papá, por favor, necesito estar con mi hermano.

—¿Con tu hermano o con cierta chica?

—¿Cómo sabes que Amber…?

—Miguel me envió una foto.

Miré al chico con rencor pero luego al verlo pasárselo bien sonreí.

—Papá voy a colgar, no tengo batería, bye.

El taller de los imperfectosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora