Me encontraba en el instituto y, aunque recién iniciaba el primer turno de clase, llevaba en aquel lugar más de dos horas. Mi padre lo había echo de nuevo. A eso de las cinco de la mañana me levantó para ir a clases alegando que tenía una reunión importante en el trabajo temprano en la mañana. Miguel lo tenía más fácil, en casa de la abuela dormía hasta que llegaba la hora de ir a la escuela. En cambio yo me tenía que atener a permanecer despierto bajo una bombilla. Ya conocía a los guardias del instituto y todo.
Estaba medio dormido cuando entró la señorita Veguer a hablar sobre la fiesta de primavera.
—Todos tienen que participar en algo... —dijo entusiasmada y volví a agachar la cabeza. Estaba muy cansado y su voz melosa acentuaba la sensación de letargo. La verdad es que los ejercicios me tenían agotado, juro que me dolía cada hueso de mi desvalido cuerpo.
—…entonces lo hará Maic. —reaccioné al escuchar mi nombre y todos me miraron esperando quizás a que dijera algo.
Tierra trágame. —Pensé.
—Ajam —murmuré—. No escuché, ¿me puede repetir la pregunta?
—Maicol Benet —Dijo la señorita Veguer—, ¿estás prestándome atención?
—Eh sí, sí. —me apresuré a decir.
—Si estabas escuchando sabes de lo que hablábamos, ¿no? —diciendo esto enarcó una de sus finas cejas y apretó sus labios rojos.
La señorita Veguer era nuestra profesora de español, una mujer de cabello rizado y curvas prominentes. Al parecer le habían encargado la supervisión de la dichosa fiesta a ella y justo esa vez nos tocaba realizarla a nosotros por perder en los juegos de fútbol con los otros grupos. Éramos un desastre en todo.
—La verdad es que no estaba prestando atención. —mi voz fue un chillido agudo y mi rostro cambió de color. No me gustaba ser el centro de atención de nadie.
En ese momento me di cuenta de que Amber había llegado en el momento en que me quedé dormido. Nuestras miradas se cruzaron y no supe qué hacer. Debía pensar que era un idiota.
—Estas aptitudes son las que me molestan —dijo la profesora de mal humor—. Una aquí hablando de la fiesta de primavera, evento dedicado única y exclusivamente por y para ustedes, y ni siquiera me prestan atención.
—Lo siento, no fue mi intención incomodarla, no volverá a ocurrir...
—No, eso lo sé —gritó interrumpiéndome—. Saquen una hoja. Aplicaré un examen sorpresa a ver si en verdad me van a prestar atención.
A mi alrededor algunos de mis compañeros murmuraron y se quejaron mirándome con odio. Todo aquello era mi culpa.
—Espere, los demás no tienen la culpa. Fui yo el que no prestó atención. —me quejé poniéndome de pie con el ceño fruncido. Lo menos que me apetecía era ganarme el odio de mis compañeros de clase y menos con el plan de Britney en marcha.
—Esto es para que aprendas a escuchar cuando hablo. Y de lo que hablábamos lo harás solo tú, y no me preguntes qué es porque no lo repetiré. Pregúntales a los demás. —se dio la vuelta y se puso a escribir en el pizarrón ignorándome.
En ese momento entró alguien y se aclaró la garganta con unas ganas evidentes de interrumpir y llamar la atención. Era el imbécil de Ernesto Dumas. Nuestra profesora ya con un humor de perros se volteó y lo enfocó con la mirada.
—Otro, ¿qué te pasó ahora, Ernesto? ¿Te secuestraron los alienígenas y no pudiste escapar hasta ahora?
En ese instante supe que el enfado que había cogido conmigo lo iba a centrar en él.
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El taller de los imperfectos
RomanceMaicol es un bicho raro, un invisible, un marginado, como lo quieran llamar, pero su realidad cambia cuando a su mesa llega una chica rara con nombre de cantante, desde ese momento su vida da un giro de 180 grados y se ve en situaciones que jamás im...
