Nunca había querido tanto llegar al instituto como ese día. La quería ver de nuevo. Me moría por saber cómo iba a ser nuestra relación en público después de lo que había ocurrido entre nosotros. Sólo había pasado una noche desde la última vez que nos habíamos visto y sentía que habían pasado años.
Brandon me pasó por el lado y me chocó a propósito cuando cruzaba los pasillos para dirigirme hacia los casilleros, pero no me importó. Nada iba a acabar con mi hermoso día. Decidí pasar de él y fui hasta Harrison. Él chateaba frenéticamente con alguien recostado de su casillero.
Me aclaré la garganta ruidosamente y sus ojos me enfocaron para después sonreír.
—Nuestro niño es todo un hombre. —canturreó—. Quién lo diría, resultaste ser todo un don Juan.
Puse los ojos en blanco y chocamos los puños en nuestro saludo habitual. Me había pasado toda la noche hablando con él y Leandro en nuestro grupo privado de WhatsApp. Ellos tenían más experiencia con las chicas y me estaban dando asesoría gratis. Sabía que no me los iba a sacar de encima en todo el día después de contarles, sin muchos detalles, lo que había ocurrido entre Amber y yo.
—¿La has visto? —pregunté y negó con la cabeza.
—La que viene hacia acá ahora es Britney.
No lo pude evitar, volteé la cabeza y nuestras miradas se encontraron. Sonreí en forma de saludo pero no respondió. Pasó por nuestro lado y siguió su camino como si no nos hubiera visto, o peor aún, como si no nos conociera de nada. Se me encogió el pecho lamentando que estuviéramos así. No quería terminar mal con ella. Ese era uno de mis problemas habituales, que no quería desilusionar a nadie y en mis condiciones era casi imposible no hacerlo.
Un nuevo mensaje llegó en el celular de Harrison y centró su atención en este interesado.
—¿En qué andas?
—Yo, en nada. —se hizo el inocente.
—Te conozco y conozco esa sonrisa perversa, sé que me escondes algo.
—No escondo nada —lo miré con insistencia y se rindió—. No te había contado porque estabas muy ocupado ayer. Lisi me sugirió que fuéramos una pareja abierta.
—¿Lo siento...? —Solté y más que una afirmación sonó a una pregunta.
—No, es lo mejor que pudo pasar. Estábamos cayendo en la monotonía.
—¿Y no te molesta que esté con otros chicos?
—Un poco sí, pero se me pasa cuando pienso que puedo hacer lo mismo con otras chicas —Aaitó su celular—. Lo importante en esto de las relaciones abiertas es ser sinceros con la pareja y lo mejor es que podemos seguir juntos.
Sonreí negando con la cabeza. Harrison era un ser de alma libre. Nunca le había gustado la misma chica por mucho tiempo seguido. Era lo contrario a mí que al parecer me enamoraba para siempre.
Después de entrar a clases supe que Amber no había ido ese día. Le envié un mensaje e intenté llamarla, pero no contestó. Pasada la tarde me empecé a preocupar. Decidí ir a su casa, no sabía si era apropiado pero necesitaba tener noticias suyas o iba a morir de angustia. Al salir del instituto Harrison me llevó hasta su casa. Toqué el timbre varias veces pero nadie salió.
Al marcharnos una anciana que salía de la casa de al lado nos abordó.
—¿Son amigos de Amber?
Harrison y yo nos miramos.
—Somos sus amigos.
—¿Ella cómo sigue? —preguntó la mujer—. ¿Han sabido algo?
Me empecé a asustar. —¿A qué se refiere?
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El taller de los imperfectos
RomanceMaicol es un bicho raro, un invisible, un marginado, como lo quieran llamar, pero su realidad cambia cuando a su mesa llega una chica rara con nombre de cantante, desde ese momento su vida da un giro de 180 grados y se ve en situaciones que jamás im...
