Pasaron un par de días y la castaña estaba en el balcón de la Torre Stark, admirando la majestuosidad de la ciudad que nunca dormía. Las luces de Nueva York brillaban como un mar de estrellas artificiales, reflejándose en sus ojos. El aire fresco de la mañana acariciaba su rostro, brindándole un momento de tranquilidad en medio del caos habitual de su vida.
—Elara— la voz de Steve rompió el silencio desde dentro. Ella se giró y vio a Steve de pie en la entrada del balcón, con una sonrisa cálida. A su lado, Bucky observaba en silencio.
Elara se acercó a ellos, notando la familiaridad en la presencia de ambos. —¿Qué pasa, Steve?— preguntó, curiosa.
Steve asintió hacia Bucky —Me gustaría que entrenaras nuevamente con Bucky.
Elara le regaló una sonrisa y se volteó al soldado —Andando, Barnes.
Bucky solo pudo esbozar una ligera sonrisa antes de seguirla por el pasillo. Llegaron al gimnasio de la torre. Siendo honestos, Steve todavía temía que se mataran entre ellos y sabía que si algo salía mal podrían hacerlo.
Comenzaron con ejercicios básicos, calentando sus músculos y recordando viejos movimientos. Elara era rápida y ágil, mientras que Bucky combinaba fuerza bruta con sorprendente precisión. Los minutos se convirtieron en horas, ambos empujándose al límite.
Finalmente, en un movimiento rápido y fluido, Elara se encontró cara a cara con Bucky. Sus cuerpos estaban tan cerca que podían sentir el calor del otro. Sus respiraciones eran rápidas y entrecortadas, sus ojos se encontraron y el tiempo pareció detenerse.
Para Bucky, esa cercanía era algo nuevo, un sentimiento inexplorado. Los ojos de Elara brillaban con una mezcla de determinación y algo más, algo que lo hacía sentir vulnerable de una manera que no había experimentado en mucho tiempo.
Elara, por su parte, sintió cómo el calor subía a sus mejillas, un rubor que no pudo controlar. La mirada intensa de Bucky la desarmó, y por un instante, todo su entrenamiento y disciplina se desvanecieron.
Bucky se echó a reír al notar su sonrojo y le dijo con una voz suave y divertida, —Lindas mejillas.
Elara, aún con el rostro encendido, le dio un pequeño golpe en el brazo, lo suficiente para romper la tensión. —No te pongas cómodo, Barnes— dijo, separándose de él con una sonrisa.
Bucky sonrió de vuelta, admirando su determinación. —Cómo digas, Clark.
Ambos retomaron su entrenamiento, pero la chispa de ese momento quedó grabada en sus memorias.
Ese mismo día, al caer la tarde, la Torre tenía ese brillo gris metálico que siempre anunciaba que algo se estaba moviendo bajo la superficie. La sala común estaba tranquila, iluminada por la luz dorada que entraba filtrada entre los ventanales. El lugar olía a café recalentado, a circuitos calientes, a descanso obligado.
Los capitanes del equipo conversaban en voz baja, cada uno con su eterna postura de mando: Steve de pie, recto como un juramento, y Tony desplomado en el sillón como si la gravedad le perteneciera a él. La calma se rompió cuando Bucky entró.
Sus pasos sonaban seguros, pero su expresión traía un rastro de inquietud. Un hilo invisible tensaba su mandíbula, y el brazo metálico brillaba como si también hubiera notado algo fuera de lugar.
Los dos capitanes levantaron la mirada, casi al mismo tiempo.
—¿Han visto a Elara? —preguntó Bucky. Intentó sonar casual, pero esa palabra “Elara” le salió con un peso que ninguno de ellos pasó por alto.
Steve respondió sin pensar demasiado.
—¿En la biblioteca?
—No. Fue el primer lugar donde busqué —levantó el libro que traía en la mano, un ejemplar gastado, como si las páginas supieran más de él que él mismo—. Venía a recomendarle esto.
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GHOST (Bucky Barnes)
ActionElara, una joven con habilidades extraordinarias, se une a los Vengadores mientras lucha por olvidar su pasado tormentoso. A pesar de sus esfuerzos por dejar atrás sus recuerdos oscuros, las sombras de su historia la siguen persiguiendo.
