La tarde en el despacho de abogados transcurría en un silencio cómodo. Elara y Matt estaban sentados frente a frente, con una mesa llena de documentos entre ellos. Ella sostenía una taza de café caliente, repasando las hojas con atención, mientras Ares, su fiel compañero, reposaba a sus pies, respirando pausadamente.
De repente, la puerta se abrió de golpe, chocando contra la pared y quebrando la calma. Un grupo de agentes de la fuerza especial irrumpió con las armas en alto, rostros decididos.
—Elara Clark, estás arrestada por incumplimiento de los Acuerdos de Sokovia y por ser aliada de Steve Rogers —anunció uno, su voz resonando en la pequeña oficina.
Ares, alarmado, se puso de pie, erizando el pelaje y dejando escapar un gruñido bajo. Lanzó un feroz ladrido hacia uno de los agentes.
—¡Ares! —ordenó Elara, firme pero urgente. El perro frenó en seco y volvió junto a ella, aunque sus ojos seguían fijos en la amenaza.
Matt se levantó de inmediato, la furia encendiendo su mirada.
—¡Están cometiendo un error! ¡Elara, te sacaré de esto! —exclamó con determinación.
Mientras la esposaban, Elara giró la cabeza hacia él, esbozando una sonrisa suave, aunque sus ojos reflejaban tristeza y resignación.
—Lo sé, Matt... llama a Tony.
Los agentes la sacaron, y Ares continuó vigilante. Matt no perdió tiempo: sacó su teléfono y marcó a Tony Stark. El tono resonaba en su oído mientras Elara desaparecía tras la puerta.
Finalmente, Tony contestó y, antes de que pudiera hablar, Matt respiró con urgencia:
—Se llevaron a Elara arrestada.
Del otro lado, un breve silencio. Luego, la voz fría y calculadora de Tony:
—No te preocupes. Lo resolveremos.
El eco de las pisadas resonaba con cada paso que daba Elara Clark al entrar a la sala del tribunal. Iba esposada, flanqueada por dos agentes armados. El uniforme carcelario gris no podía ocultar quién era: una exagente altamente entrenada, una mujer que alguna vez salvó al mundo, y ahora era juzgada por destruirlo.
Sentada frente al estrado, Elara mantenía la cabeza en alto. La tensión en su mandíbula y la frialdad en sus ojos solo eran una máscara para contener el torbellino que sentía dentro.
En la fila detrás de ella, el peso emocional era igual de evidente. Tony Stark estaba sentado al centro, el ceño fruncido, sin dejar de mirar al juez. A su lado, Pietro Maximoff cruzaba los brazos con ira contenida, Peter Parker apretaba la chaqueta de su traje como si así pudiera controlar sus emociones. Pepper Potts, estoica, sostenía una libreta que ni una sola vez había abierto. Happy miraba al suelo, mientras Rhodes mantenía los labios apretados, con su expresión de soldado endurecido por el deber.
El juez comenzó a leer los cargos con voz seca y firme:
—Elara Clark, se le acusa de múltiples asesinatos en primer grado, cooperación con un enemigo del Estado —refiriéndose al Capitán Steve Rogers—, obstrucción de investigaciones federales y traición al país. ¿Cómo se declara?
Elara no vaciló.
—No culpable.
Matt Murdock se levantó. Llevaba su característico traje oscuro, las gafas opacas, y en su mano el bastón que lo guiaba con una seguridad inquietante. Se paró frente al juez con la elegancia y control de alguien que ha peleado muchas batallas… dentro y fuera de los tribunales.
—Su señoría, miembros del jurado —comenzó—, nadie aquí ignora lo que está en juego. Lo que Elara Clark hizo no puede deshacerse. Las muertes, las misiones fallidas, el dolor… Pero tampoco puede ignorarse el cómo y por qué sucedieron. Mi clienta fue capturada por HYDRA, su mente manipulada, su voluntad anulada. Durante ese periodo, ella fue una marioneta, no una criminal.
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GHOST (Bucky Barnes)
AcciónElara, una joven con habilidades extraordinarias, se une a los Vengadores mientras lucha por olvidar su pasado tormentoso. A pesar de sus esfuerzos por dejar atrás sus recuerdos oscuros, las sombras de su historia la siguen persiguiendo.
