Capítulo 37.

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A la mañana siguiente, Elara se dirigió a la sala de entrenamientos, todavía con la conversación de Steve y Natasha resonando en su mente. Había dormido poco, la mente llena de pensamientos sobre Bucky, y se preguntaba cómo sería verlo después de lo que había decidido: ya no podía seguir ignorando lo que sentía.

Al entrar a la sala de entrenamiento, estirando los brazos y preparándose mentalmente para otra sesión intensa. El lugar estaba en silencio, salvo por el sonido de alguien moviéndose al fondo. Al levantar la mirada, vio a Bucky de espaldas, cambiando su playera y haciendo un giro con su brazo metálico, comprobando que funcionara correctamente.

Por un momento, Elara se detuvo en seco, sin poder evitar mirarlo mientras él revisaba su prótesis. Parecía tan concentrado que no la había notado entrar, o al menos eso pensaba. Justo cuando iba a apartar la vista, Bucky volteó y la atrapó mirándolo. Una sonrisa ladina apareció en su rostro al ver su reacción.

—¿Te gusta lo que ves?— preguntó Bucky con un tono divertido, claramente disfrutando de la situación.

Elara soltó una risa sarcástica, cruzando los brazos —Oh, claro, Barnes— respondió, su voz impregnada de ironía. —Nada me fascina más que ver cómo te presumes. Todo un espectáculo— agregó, rodando los ojos.

Bucky rió suavemente, inclinando la cabeza como si aceptara su comentario. —Sabía que tenías buen gusto— bromeó, mientras terminaba de ponerse una camiseta limpia.

Elara le lanzó una mirada desafiante, sin dejar de sonreír con esa mezcla de sarcasmo y diversión que solía sacar cuando estaban juntos —Solo asegúrate de que ese brazo funcione bien cuando entremos al ring. No quiero excusas cuando te gane.

Bucky le guiñó un ojo, caminando hacia el centro de la sala —Cuando quieras, muñeca.

Elara lo siguió, su actitud juguetona ocultando el leve rubor en sus mejillas mientras se preparaba para el entrenamiento.

Ambos se movían con destreza, midiendo sus fuerzas y habilidades. Elara siempre había sido rápida, y en un movimiento ágil, logró enredar sus piernas alrededor del cuello de Bucky, haciendo una llave perfecta que lo tiró a la colchoneta con fuerza. Su cuerpo quedó encima de él, ambos jadeando ligeramente por el esfuerzo.

—Gané— le dijo Elara con una sonrisa de victoria.

Bucky sonrió con esa arrogancia que la comenzaba a volver loca.

—No bajes la guardia— le advirtió.

Antes de que pudiera reaccionar, Bucky la hizo girar con rapidez, y en un segundo, fue él quien quedó sobre ella, su peso sosteniéndola en la colchoneta. Elara sintió que el aire se volvía más denso, y su corazón comenzó a latir aún más rápido. El estar con él la hacía vulnerable de una forma que no experimentaba con nadie más. Era como si con él, todas sus defensas simplemente se desvanecieran.

La distancia entre sus rostros era mínima, casi inexistente. Elara notó cómo la mirada de Bucky se posaba en sus labios, y antes de poder decir algo, sintió cómo su mano se movía con delicadeza sobre su rostro, apartando unos mechones de cabello que le cubrían la cara. Su toque fue suave, casi reverente.

Y entonces, sin más, Bucky cerró la distancia entre ellos. Sus labios se encontraron en un beso lleno de emociones reprimidas, de todas las palabras que ninguno de los dos había dicho. Elara se dejó llevar, correspondiendo al beso con la misma intensidad. Fue dulce y lento, ambos saboreando cada parte del otro, como si hubieran esperado ese momento durante mucho tiempo. La mente de Elara se llenó de sensaciones, y por un instante, todo lo demás desapareció.

Pero de repente, Bucky se separó de golpe. La magia del momento se rompió de inmediato cuando lo escuchó murmurar —Perdón... Yo, perdóname, esto fue un error.

GHOST (Bucky Barnes)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora