Nueva York les daba la bienvenida con su caos habitual, pero para Elara, ese ruido citadino tenía una nueva frecuencia; la de los recuerdos que no encajaban.
El jet de Stark aterrizó suavemente en la pista privada del complejo Vengadores. Elara bajó en silencio, con la mirada fija en el horizonte. Tony caminaba a su lado, sin decir nada al principio. Había aprendido que los silencios de Elara decían más que sus palabras.
—¿Cómo te sientes? —preguntó al fin, con voz baja, casi como si temiera romper algo dentro de ella.
Elara tardó en responder. No porque no tuviera palabras, sino porque tenía demasiadas.
—No recordaba a mi hermana —dijo, deteniéndose en seco —Ella... era hija de la pareja de mi papá. No teníamos la misma sangre, pero la quería. Íbamos juntas en ese viaje cuando HYDRA nos tomó. Y no lo recordaba, Tony. No recordaba que ella estaba ahí.
Se giró hacia él. Los ojos le temblaban, no de lágrimas, sino de una rabia muda, de una tristeza seca.
—La borraron. Por completo. De mi mente. Como si nunca hubiera existido. Como si mí amor por ella fuera un error que había que reescribir.
Tony bajó la mirada, y por un segundo pareció más viejo. Más roto. Porque él sabía lo que era vivir con fantasmas que el cerebro decide esconder para protegerte... o para destruirte más lento.
—La recordaste ahora. Eso cuenta —dijo con suavidad.
—¿Cuenta? —repitió Elara, con una sonrisa rota —¿Cuenta que haya vivido todo este tiempo sin siquiera extrañarla? ¿Sin saber que la amaba?
Tony no respondió. Solo le puso una mano en el hombro. No con la intención de consolarla, sino de recordarle que no estaba sola. Que aunque el pasado la hubiera mutilado, él estaba ahí para ayudarla a coser las heridas.
Elara cerró los ojos. La ciudad seguía rugiendo a lo lejos. Pero ahora, en su mente, no solo oía el bullicio de Nueva York. También oía la risa de una niña que apenas recordaba, corriendo junto a ella, tomándola de la mano. Una risa arrancada por la fuerza... y que ahora, con el dolor de lo perdido, volvía a su lugar.
El atardecer caía sobre Nueva York como una cortina dorada que no lograba calentar el frío entre los huesos de Elara. Estaban en el taller de Tony, rodeados de trajes inconclusos, herramientas desordenadas y recuerdos que nunca terminaban de apagarse. Ella estaba sentada en una mesa de metal, con la mirada fija en el casco de Iron Man que él había dejado a un lado, como si buscar respuestas en su reflejo tuviera algún sentido.
Tony, apoyado contra una consola, la observaba con esa mezcla de preocupación y ternura que rara vez dejaba ver. Jugaba con una llave inglesa entre los dedos, pero su mente estaba claramente en otro lado.
—Vuelvo en un rato—le dijo Elara a Tony, sin pestañear.
Tony solo asintió, sin levantar la vista de sus planos. Confiaba en ella. Y eso la hizo sentir peor.
Cerró la puerta del taller sin decir más. La mentira no le pesaba. Lo que le pesaba era que, si le decía la verdad, Tony jamás la dejaría ir.
No esta vez.
Elara subió al jet sola, en completo silencio. Ya había rastreado a Steve durante semanas. No por venganza, sino por algo mucho peor: necesitaba entenderlo. No podía vivir con los huecos, con los "y si". Quería mirar a los ojos al hombre que había sido su familia y romper, de una vez, lo que quedaba entre ellos... o rescatarlo antes de que se perdiera del todo.
Las coordenadas eran precisas. Demasiado precisas.
África.
Voló durante horas, siguiendo el punto estático en el mapa como si fuera el latido de un corazón enterrado.
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GHOST (Bucky Barnes)
AcciónElara, una joven con habilidades extraordinarias, se une a los Vengadores mientras lucha por olvidar su pasado tormentoso. A pesar de sus esfuerzos por dejar atrás sus recuerdos oscuros, las sombras de su historia la siguen persiguiendo.
