Capítulo 35.

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La sala de entrenamientos estaba casi vacía, salvo por el sonido sordo de los guantes de Elara golpeando el saco de boxeo. El sudor perlaba su frente mientras movía los pies con agilidad, pero su atención no estaba del todo allí. En su oído sonaba la voz de Matt, y la castaña mantenía una conversación a medio tono.

—No lo sé, Matt —dijo, con el ceño fruncido y los auriculares bien ajustados—. Desde hace unos días siento como si alguien me siguiera.

Fuera de la sala, Bucky pasaba por el pasillo. Su paso se detuvo en seco al reconocer la voz. No quería escuchar. Sabía que no debía. Pero algo dentro de él —una mezcla de curiosidad, preocupación y algo más profundo— lo obligó a quedarse. Se apoyó contra la pared, su respiración apenas audible.

—Al principio pensé que era HYDRA —confesó Elara, deteniéndose unos segundos para recuperar el aliento —Pero se supone que desapareció, ¿no?

El silencio de su interlocutor se coló por la línea, y ella asintió levemente, como si pudiera sentir la respuesta de Matt antes de oírla.

—Sí, sí, ya sé, diablo —respondió con una media sonrisa —Solo… no me deja tranquila esa sensación. Bien, te veré esta noche.

Bucky dio un paso hacia adelante, como si algo en su interior se hubiera decidido. Pero antes de que pudiera alejarse, una mano firme se posó en su hombro.

—No hagas nada estúpido, Buck —dijo la voz inconfundible de Steve.

El pelinegro giró apenas el rostro, regalándole a su viejo amigo una sonrisa ladeada.

—¿Desde cuándo hago otra cosa?

Y aunque sabía que no debía intervenir, que no tenía ningún derecho, Bucky no podía evitarlo. Algo dentro de él lo impulsaba a protegerla, incluso si ella no lo sabía. Porque Elara no era solo una agente más del complejo. Era su tormenta silenciosa. Y él no podía permitir que algo —o alguien— la lastimara.

La noche había caído sobre el complejo, envolviendo todo en un velo tranquilo. Elara se acomodaba su chaqueta de cuero frente al espejo cuando pasó por la sala común y se encontró con Tony.

—Saldré con Matt —le avisó, como si no fuera gran cosa.

Tony, con una copa en mano y su sonrisa habitual, alzó una ceja con interés.

—¿Cita amistosa o negocios turbios?

—Eso nunca se sabe contigo cerca —respondió ella, divertida.

Tony soltó una breve carcajada antes de decir —Hay algo nuevo para ti en el garage.

Elara frunció el ceño, claramente confundida.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Ven —dijo él, colocándole ambas manos sobre los hombros para guiarla.

Al llegar al garage, la luz se encendió revelando una moto deportiva completamente negra, elegante y afilada como una sombra veloz. A su lado, un casco negro con detalles azules brillaba bajo las luces.

—La que tenías ya estaba demasiado vieja —dijo Tony con tono casual, pero con ese dejo de cariño que pocas veces dejaba ver.

Elara se quedó sin palabras. Caminó lentamente hasta la moto, recorriéndola con las yemas de los dedos como si temiera que fuera una ilusión.

—¿Esto es en serio?

Tony le entregó las llaves, sonriendo como un padre orgulloso.

—Solo cuídala… y por favor no la estrelles en la primera curva.

GHOST (Bucky Barnes)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora