CAPÍTULO 4

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Amaia

Empecé a recobrar la conciencia poco a poco, abrí mis ojos me sentía algo aturdida aún, estaba a oscuras lo que evitó que pudiera distinguir algo de lo que había a mi alrededor, sentí un fuerte dolor en mi hombro cuando intenté moverlo, pero no pude mis manos estaban atadas al espaldar de la silla al igual que mis pies cada uno a cada lado de la pata de la silla, quien sabe cuántas horas he estado dormida, necesito mis analgésico para el dolor tengo un horario específico para evitar este tipo de situación y sé que se puede volver insoportable si no las tomó inmediatamente.

- Por favor alguien que me ayude, hay alguien aquí - grité, pero no obtuve ninguna respuesta - Necesito mi bolso, por favor - en eso escuché pasos así que seguí - Quién quiera que esté ahí, por favor sólo necesito mi bolso, necesito tomar mis pastillas, me duele el brazo pueden desatarme por lo menos, por favor prometo que no haré nada - dije con la voz quebrada porque estaba sintiendo mucho dolor en el hombro, ya que la posición era algo que no ayudaba mucho, además de que no he tomado los analgésicos - Por favor, por favor me duele el brazo me escuchan - Pero nadie atendió a mi llamado, era una tortura pasaron minutos y nadie venía a verme, me sentía vulnerable lo que hizo que comenzará a llorar, no sabía que pasaría conmigo tenía miedo, dolor y así estuve por un largo tiempo, sentía mi cuerpo débil, empecé a sudar, sentía frío y cansancio y cada vez sentía más y más dolor.

Después de cierto tiempo escuché como la puerta se abría, encendieron la luz que golpeó mis ojos haciendo que los cerrará de golpe y poco a poco fui abriéndolos despacio hasta que se acostumbraron a la luz, cuando pude divisar bien todo miré al señor Ángelo estaba sentado en el borde de una mesa de escritorio.

- Por favor, prometo que no haré nada sí, solo desátenme los brazos tengo mucho dolor, necesito mi bolso, mis pastillas, por favor - suplique llorando ya que era insoportable el dolor que sentía.
- ¿Dolor, te hizo algo Sáenz? - preguntó algo preocupado llegando hasta mí.
- No, pero tengo una lesión en el hombro y me está doliendo mucho. - se posiciono detrás de mí y empezó a desatar la cuerda soltándome, pero el dolor se intensificó cuando moví mi brazo hacia delante. - Auch!!! - agarré mi hombro - Necesito mis pastillas están en mi bolso, por favor - él se acercó hasta el escritorio y empezó a hurgar en él.
- ¿Por qué tomas analgésico? - preguntó se acercó hasta mí y me dio el frasco el cual tomé, él salió un momento y regresó con una botella de agua - Toma - ofreció y la tomé bebiéndome los analgésicos, él me miraba fijamente sabía que estaba esperando la respuesta.
- Tuve un accidente automovilístico, me fracturé el hombro, me hicieron cirugía, pero el doctor dijo que me darían dolores por eso debo tomar analgésico para controlar el dolor.
- Sáenz debería haberte vigilado bien, hablaré seriamente con él por haberte ignorado. - dijo molestó algo que me sorprendió.
- Perdón, le juró que no quería entrar a la bodega, no soy chismosa es que debía entregarle unos papeles Marín no me dijo nada, no pensé que... Le juró que no diré nada. - solté en una ráfaga, no quería morir o que me hicieran daño.
- Tranquilízate, hablaremos, pero ahora no es el momento, no estás bien, te miras pálida y tienes dolor, te llevaré a mi casa para que descanses un poco ya es algo tarde, después hablaremos seriamente. - dijo tranquilamente como sí no hubiera pasado nada grave.
- No puedo, debo volver a mi casa sino mi tía se preocupará y .... - no dejo que continuará con mi cantaleta ya que me interrumpió.
- Sabes que no puedo dejarte ir así por así, debemos aclarar las cosas primero poner las cartas sobre la mesa, le mandaras un mensaje a tu tía diciéndole que trabajarás hasta tarde o que pasarás la noche con tu novio, ella entenderá. - dijo y yo me quedé en el limbo.
- Pero es que yo no tengo novio - dije algo cohibida.
- Ah! ¿Cómo puede ser posible eso? Bueno, entonces dile que trabajaras hasta tarde que yo cuidare de ti que no se preocupe. - dijo pasándome el celular, lo tomé y empecé a textear, sé que me creerá si le digo cualquier cosa ya que confía en mí y me haría quedar más tranquila por qué no estará preocupada por mí, cuando terminé devolví el celular, lo tomó y guardó, me hizo seña para que me levantará para irnos, intente ponerme de pie, pero mis piernas flaquearon estaba débil, así me sentía, él lo notó se acercó a mí y me cargó en sus brazos, tenerlo así de cerca hacia a mi corazón latir frenético parecía un sueño, algo fuera de lugar dada las circunstancias salimos del lugar y subimos al coche, el trayecto fue largo, el dolor que sentía había disminuido haciéndome sentir aliviada.

Cuando llegamos a su residencia bajo del coche y volvió a tomarme en sus brazos, entramos a la casa subiendo directo a las escaleras y entramos en un cuarto al final del pasillo, me colocó en el borde de la cama.

- Puedes descansar, duerme un poco, te traeré algo de ropa para que te cambies, sí quieres darte una ducha puedes hacerlo también - Asentí y se adentró por una puerta luego salió y me tendió algo de ropa, me dispuse a levantarme para entrar al baño a darme una ducha rápida, en cuanto salí iba vestida y él entró al baño, me sentía algo incómoda ya que la camisa era de manga corta y no deseaba que el viera las marcas en mi brazo y cuello, estaba tan concentrada en mis pensamientos que de pronto se abrió la puerta y salió Ángelo con la toalla envuelta en la cintura y por Dios que cuerpo el que tenía, sentí que el corazón se me detuvo al igual que la respiración, verlo así semi desnudo era un verdadero espectáculo.
- ¿Te gusta lo que ves? - preguntó pícaro y sentí mi cara arder de la vergüenza, estaba viéndolo desvergonzadamente.
- No, no es que .... Es que... Es que... - la verdad, no sabía ni que decir, las palabras no salían con claridad de mi boca, se acercó a mí y mis nervios aumentaron, así que instintivamente me cubrí mi brazo y noto mi acción.
- ¿Por qué te cubres? - preguntó serio levantando una ceja, tragué en secó, tenerlo tan cerca era intimidante.
- Es que la camisa es de manga corta. - respondí algo torpe.
- ¿Y cuál es el problema?
- Es que tengo marcas en mi piel y no me gusta que las miren, en el accidente parte de mi brazo, hombro y cuello sufrieron quemaduras y aunque no se miran tan mal se nota la diferencia. - dije un poco apenada.
- Eso es una tontería, no deberías ponerles mente a esas cosas, eres una mujer hermosa. - dijo mirándome fijamente y me cautivo su mirada.
- A las personas les incomoda, lo sé, por cómo me miran, antes usaba mangas cortas o camisas de tira y me miraban de forma extraña. - expliqué.
- A veces las personas son estúpidas creen que todos deben ser perfectos, tú no deberías sentirte así, eres una mujer inteligente, hermosa y has soportado muchas cosas saliendo victoriosa, deberías de sentirte afortunada, es lo que importa. - dijo acariciando mi rostro con su mano, su toqué fue tan exquisito, sus manos bajaron y tomaron el borde de mi camisa con la intensión de levantarla, pero puse mis manos sobre las suyas, me miró fijamente una mirada intensa haciendo que bajara mis manos, lo que aprovecho para levantar la camisa sacándola de mi cuerpo dejándome expuesta, él me miraba detenidamente y yo sentía vergüenza.
- Eres hermosa de eso no tengo la menor duda, esas marcas sólo son el reflejo de lo valiente que has sido. - dijo sorprendiéndome, nunca pensé que diría eso y que esas palabras me hicieran sentir deseada.

Se acercó hasta mí rostro y me besó, el besó era suave con calma, sin prisa pude seguirle el ritmo, esto era un sueño, me sentía flotar en el aire, mi corazón saltó de alegría por lo que estaba sucediendo. Me acercó hasta el borde de la cama, acostándome en ella junto con él encima de mí, podía sentir su piel, su calor, sus besos y caricias siguieron en aumentó, era tan excitante que sentí mi cuerpo estremecerse por su toque, me tenía en las nubes al borde del delirio. El hombre con el que había soñado todos estos años estaba descubriéndome de una manera que ningún otro lo ha hecho, de un momento a otros me encontraba en ropa interior, sus labios bajaron hasta mi cuello y deseé más, sentía un fuego en mi interior que no sabía que existía, quería más de él, me miró llevando sus manos detrás de mí espalda y desabrochó mi sostén dejando mis pechos al aire libre.
- Los imaginé tanto, son perfectos, hechos para mí - susurró cerca de mis labios y los apretó con sus manos haciéndome gemir de placer, sonrió y me dio un beso fugaz para después bajar hasta ellos metiendo uno a su boca, chupó mi pezón y mordió suave, esa acción hizo que arquera mi espalda queriendo sentir más, solté un gemido y él continúo torturándome, chupaba, mordía y lamía; después de un rato pasó al otro pecho y realizó el mismo acto, recorrió con su mano mi cuerpo, llegó hasta mi vientre y metió una mano debajo de mi braga tocando mi parte intima.... 

Mascara Rota (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora