Fui muy duro al hablar con ella, un completo idiota la herí, lo sé, pero es algo necesario, no puedo alterar mis planes, la verdad, nunca debí llegar a más con ella, la cuestión es que cuando la tengo cerca lo único que deseó es poseerla, hacerla mía, ¿no sé por qué? Nunca me había obsesionado tanto con una mujer y eso que he tenido muchas a mis pies, de todos modos, mi ambición es más fuerte que mi deseó por ella, por eso debo ser directo.
Estaba esperando a que bajara para irnos a transport global, debíamos enviar una carga en unos días y debemos tener todo preparado, después de unos minutos bajó, no me dio una mirada solamente subió al coche y giró su rostro hacía la ventanilla, partimos hacia nuestro destino, una vez llegamos nos dirigimos directamente hasta la oficina de Bruno, ya nos estaba esperando para la reunión.
- Hola, buenos días - saludó Bruno una vez que entramos, se encontraba sentado en el escritorio.
- Buenos días - dijimos al mismo tiempo acercándonos para tomar asiento.
- Ella es Amaia Montez, es mi asistente personal está al tanto de todo, puedes hablar con libertad. - dije mirándolo fijamente.
- ¿Es de confianza? No queremos llevarnos una sorpresa. - preguntó y entiendo su punto.
- Sí, confío en ella, no te preocupes tú también puedes hacerlo. - aseguré.
- Esta bien, entonces comencemos. - y así fue, empezamos la reunión y acordamos todos los puntos a tomar, las precauciones, todo salió a la perfección nada más que hubo un pequeño detalle.
- Él es Maldonado trabaja con los Mendoza, pero ha estado frecuentando nuestro territorio queriendo sacar información según él está de incógnito, aunque no duró mucho que nuestra gente se diera cuenta quien era, por eso estaba pensando qué necesitamos una carnada para atraerlo dónde podamos tener pleno control sobre él, sería bueno sacarle información de todos modos querían hacer lo mismo, hay que voltear las cosas. - tenía ese brillo perverso en su mirada y por eso era mi mano derecha, sonreí.
- ¿Y qué podría hacerlo bajar la guardia? Tus hombres han estado vigilándolo, asumo que ya debes de tener algo en mente o ¿me equivoco? - pregunté ansioso por saber qué es lo que tenía planeado.
- Bueno, no es tan difícil tiene cierta debilidad por las mujeres. - respondió, ya me imaginaba eso.
- Y quién no las tiene, más cuando tienes una mujer hermosa al lado. - voltee a ver a Amaia, pero ella simplemente estaba escuchando en silencio, más bien parecía distraída, no me gustaba verla así, pero no podía evitarlo - Puedo buscar a la chica, no tendría problema conozco a varias que estarían dispuesta a estar con él sin ninguna queja sólo es cuestión de dinero.
- Pues sí va hacer más difícil de lo que crees, porque el imbécil tiene un gusto especial por las mujeres, no le gustan las mujeres libertinas sino las decentes, las inmaculadas, las que tiene cara de no romper ni un plato, ¿entiendes? - fruncí el ceño nunca me hubiera imaginado que tuviera esos gustos.
- No es algo normal menos en el ambiente en que nos movemos, sí que será difícil ya que las chicas que conozco son todo menos inocentes. - dije riendo y pensando en una solución.
- Amaia, ¿cuánto tiempo tienes trabajando para Ángelo? - preguntó Bruno y lo miré confundido.
- Poco más de dos meses. - respondió Amaia.
- Hasta donde tengo entendido tú eres universitaria, ¿verdad?
- Sí.
- ¿Y cómo fue que Llegaste a trabajar con Ángelo? Una chica decente como tú en un ambiente tan dañino como este, no entiendo - dijo y entendí inmediatamente lo que quería saber.
- Bueno, lo que pasa es que necesitaba el trabajo por unas cuentas que debo pagar, primeramente, pregunté en la empresa del señor Alexander Ivanov ya que realicé mi pasantía ahí, pero no había plaza disponible, entonces me consiguieron una cita con el señor Ángelo y me contrató, fue después que me enteré de lo demás. - respondió tan tranquila sin imaginar lo que pasaba por la mente de Bruno.
- Entiendo. - dijo con una sonrisa en los labios.
- No, es mejor que te quites esa idea de la mente, no lo hará. - sentencie.
- Ella trabaja para nosotros ahora y puede ser de ayuda, además es algo que nos conviene prácticamente está al alcance de la mano sólo necesita instrucciones.
- No voy a ponerla en peligro, busca a otra. - dije mirándolo de mala manera.
- ¿Pasa algo conmigo? - preguntó Amaia algo confundida.
- ¿Acaso tienes una relación con ella? - preguntó Bruno y ella volteó a verme.
- No, claro que no, sólo es mi asistente. - dije y sé que le dolieron mis palabras ya que desvío la mirada.
- Entonces es simple, mírame Amaia - dijo Bruno y ella lo miró fijamente - Este hombre pertenece a otra organización - le mostró la foto de Maldonado - Y queremos que tú lo atraigas hasta el lugar que te indicaremos.
- Yo, pero ¿cómo lo haría? ¿No sabría que hacer? No creó ser la mejor opción para eso, me pondría muy nerviosa, no quiero hacerlo. - la miré y estaba angustiada.
- Eres la mejor opción a este tipo le gustan las chicas de tu tipo, inocentes e ingenuas. Sólo debes dejar que te coquetee, él intentará algo más y tú se lo permitirás, eres parte de la organización ahora y a veces se hacen sacrificios.
- No soy una prostituta, no, me niego, no lo haré. - dijo un poco alterada.
- Ángelo? - Bruno me miró y supe lo que quería.
- Amaia, sabes que no puedes negarte, ¿verdad? - No quería hacer esto, pero no quiero que crean que tengo alguna preferencia por ella.
- Lo sé, pero por favor no me obligues hacer esto, por favor. - suplicó mirándome fijamente.
- Es una orden, vamos a enseñarte todo lo que debes hacer y a dónde tienes que llevarlo, así que, espero que lo hagas bien, no aceptaré fallas. - hablé firme y ella solo asintió.
En la semana el ambiente fue algo tensó, Amaia no se miraba muy bien, parecía como si no hubiera descansado bien se miraba pálida y cansada, no podía seguir así, sino a este pasó todo el plan se iría por el caño.
Cuánto no más llegó entró directamente a la oficina, aún con todo se miraba hermosa no podía negarlo quería volver a tenerla en mis brazos, pero complicaría más las cosas.
- Amaia, debemos hablar. - dije en tono frío.
- Dígame? Señor Ángelo - preguntó sin mucho ánimo.
- ¿Te has visto a un espejo en estos días? No te ves nada bien. ¿Qué te pasa? - pregunté mirándola fijamente.
- Sólo es cansancio, no me he sentido bien últimamente es todo.
- Sabes que así todo el plan se puede venir abajo, no te miras bien, así no llamaras la atención de Maldonado.
- No deseó hacerlo, no quiero que ese hombre me ponga un dedo encima ¿acaso no lo entiendes? Todo esto está mal, me tiene mal, no soy una prostituta lo sabes muy bien, me entregué a ti porque me gustas demasiado, no porque soy fácil, solo de pensar que tengo que dejar que me toqué...- dejo de hablar y comenzó a llorar, no es que estuviera de acuerdo con todo esto a mí también me hervía la sangre sólo de pensarlo, pero era algo que no debía importarme tenía planes y no quería cambiarlos, solo que ella derrumbaba todas mis barreras.
- No dejaré que te toqué - me acerqué hasta donde estaba sentada y me puse de cuclillas frente a ella - Te lo prometo, cambiaré los planes por ti así que no llores más. - dije acariciando su mejilla.
- Gracias - dijo, se acercó hasta mí y me abrazó, yo correspondí abrazándola con fuerza, la verdad, no quería soltarla....
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Mascara Rota (+18)
RomanceÁngelo Ivanov un hombre frio, calculador, desconfiado, tremendamente guapo, poderoso y despiadado, jefe de una de las organizaciones mas importantes en el trafico de armas, confianza y amor solo lo tiene por su familia. Amaia Montez una chica que a...
