10. Voy a salvarlo

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Sam

A veces puedo identificar un alma rota, dolida, porque va grabado en el comportamiento de las personas. En las entrevistas prejuzgo por los gestos, por la manera de mirar o por el temblor en la voz al contestar una pregunta. Y otras veces, me confundo, me regaño a mí misma por dejarme llevar por las apariencias. Este es uno de esos momento.

Jamás me habría imaginado el dolor que Alex lleva dentro.

Ni en mis peores pesadillas aparece él sufriendo. Quizás porque lo tengo idealizado o porque ha fingido demasiado bien. Tenerlo entre mis brazos sollozando, intentando recomponerse de sus propios miedos, me deja sin aliento. Trato de recoger sus pedazos, sus lágrimas y hacerlas mías, aunque sea por unos minutos para alejarlo del tormento. Sé que no serviría de nada. Así que intento hacer lo que mejor sé, hablar, persuadir la atención para centrarla donde yo quiero.

Su fortaleza.

—Yo también daría todo lo que tengo para que tu madre pudiera veros y no solo a ellos, también a ti, Alex. Ellos siguen adelante gracias a ti, he visto cómo te miran y esos niños te adoran. Tu madre está en alguna parte sintiéndose orgullosa, pero falla una cosa.

Se separa lentamente de mí para mirarme a los ojos. Estiro una mano hacia su mejilla y le limpio la lágrima que resbala por su incipiente barba.

—Que seas feliz. Hace demasiado tiempo que no te veo, Alex.

Mis palabras no solo lo rompen a él. Hay algo que lo difumina, que no lo deja brillar como ha hecho hasta ahora y lo odio por permitir que eso ocurra. Me trago el nudo que tengo en la garganta sintiendo un pinchazo en mi interior.

—No puedo llegar a todo, Sammy. Tengo que sacrificar algo y ambos sabemos a lo que me refiero. —Pues claro que sí, el lacrosse—. Cualquier cosa que haga nos afecta a todos. Si me lesiono o me pasa algo...

Deja las palabras en el aire. Entiendo sus miedos sobre todo con dos hermanos que dependen prácticamente de él y una Olivia que empieza su vida adolescente.

—Hubo una vez que alguien me dijo que tenía que aprender a delegar. ¿Recuerdas? —asiente con la cabeza descifrando nuestros recuerdos—. Me ayudaste a hacer una lista que mostrara mis prioridades, dejar fuera aquellas cosas que no me llenaran y quedarme con las demás. Hagámoslo, Copper.

Se muerde el labio recomponiéndose poco a poco. Saco el móvil de mi bolsillo trasero para abrir la aplicación que uso para hacer notas rápidas y listados. Nos quedamos sentamos en el suelo de la cocina durante la siguiente hora apuntando todas las responsabilidades de Alex. Las más básicas y que están relacionadas con sus hermanos las pongo en primer lugar sin dudarlo. Añadimos las prácticas, los entrenamientos y partidos de lacrosse, nuestra relación y las salidas con nuestros amigos.

Me quedo estudiando la lista frustrada, intentado eliminar las prácticas de su vida y sustituirlo por otro trabajo que le dé más tiempo para él.

—Venga, Sammy, vámonos a dormir antes de que venga mi padre o se preocupará al vernos aquí.

—¿Dónde trabaja?

—Tiene una empresa de construcción, este mes están haciendo muchas horas extras arreglando un tramo de la carretera estatal. Es un encargo del ayuntamiento y tienen una fecha límite.

Se levanta del suelo tendiéndome la mano. Subimos las escaleras, me indica dónde está el baño y me deja una de sus camisetas. Él se va un momento para comprobar que Matt está tranquilo y que Laia se ha quedado dormida mientras yo me cambio. Estudio su habitación detenidamente. Trofeos, medallas, póster y fotos de su familia decoran las paredes. Es como estar dentro de la vida de Alex por primera vez en años. A mí también me costó mucho dejarlo entrar, tuve que romperme para que me viera de verdad como aquella noche en mi apartamento donde nos dimos el primer beso.

Seremos EternosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora