27. Impostor

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Alex

Observo a Matt coger el stick con fuerza y prepararse para lanzarme la pelota. Lleva puesta la primera camiseta de lacrosse que me compró mi madre, un casco que le queda demasiado grande y unas improvisadas protecciones para que se acostumbre a ellas porque vamos a apuntarlo a los entrenamientos de su equipo del colegio. Sí, después de darle muchas vueltas con mi padre y preguntarle a Matt qué es lo que quiere, hemos tomado una decisión.

—¿Estás listo?

—Dale caña, renacuajo.

Echa el stick hacia atrás y lanza la pelota. Llega hasta a mí con una trayectoria casi perfecta. Repetimos una y otra vez mientras Laia juega en el porche y mi padre nos observa con una taza de café en las manos. Empieza las clases la semana que viene, queremos que se vaya adaptando a la dinámica de un entrenamiento. También hemos hablado con el entrenador para que conozca un par de días antes a Matt.

—Chicos, será mejor que vayáis terminando. Hora de la cena —avisa mi padre entrando dentro junto a Laia.

Matt se va directo a la ducha mientras yo me quedo recogiendo, me ayuda a despejar la mente y dejar de pensar durante unos minutos. Pasar tiempo con mi familia también ayuda, pero siempre acaban preguntando por Sam. Sobre todo Laia que quiere volver a hacer tortitas con ella. Olivia es la única que sabe lo que ha pasado. Necesito más días, una semana no es suficiente para aceptarlo. Joder, es que eso no se puede medir.

Mi teléfono móvil comienza a sonar. Frunzo el ceño al leer el nombre del entrenador.

—¿Hola?

—Hola, Alex. ¿Qué tal? ¿Cómo va ese golpe?

Toco mi abdomen en un acto reflejo, ha dejado de doler y solo queda una pequeña marca morada.

—Mucho mejor, no fue nada.

—No sabes cuánto me alegra oír eso. Te llamaba para preguntarte cuándo vuelves a incorporarte.

No, por favor, ese tema no.

—Verás, entrenador, con respecto a eso...

—Tim se ha ido —me anuncia dejándome aturdido.

—¿Qué?

—Ha dejado el equipo para centrarse en sus estudios, estaba pasando por una mala época y los entrenamientos le quitaban mucho tiempo.

Eso es imposible. Su único objetivo era mantener la beca y para eso necesitaba el Lacrosse. Es una maldita beca deportiva, no podrá terminar la universidad.

—Sabes que el lacrosse no es el deporte más popular, pero por eso mismo las opciones de triunfar son mayores. ¿Por qué no te pasas mañana por aquí y charlamos en persona?

—Está bien. ¿A las cinco?

—Perfecto.

Puedo vislumbrar su sonrisa al otro lado de la línea. Mañana hay entrenamiento y hará todo lo posible para que acabe entrenando con ellos. Cuelgo sin dejar de pensar en Tim. Pensaba que iba a intentarlo, que de verdad quería recuperarse. ¿Y si ha recaído? Mañana tengo que hablar con Clarkson y Frank, son sus amigos, ellos sabrán qué ha pasado.

Termino de recoger todo, me doy una ducha rápida y esperamos a que venga Olivia de la biblioteca para cenar. Parece una rutina tan cotidiana, tan normal que hasta el nudo del pecho se afloja un poquito dejándome sentir tranquilidad por primera vez.

Puede que mi lugar esté aquí, con mi familia y el lacrosse.

¿Pero podría entrar Sam en él?

Espero que sí, aunque tenga que luchar con uñas y dientes.

Seremos EternosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora