Alex
Arranco el coche y conduzco hasta la universidad intentando respetar el límite de velocidad, pero voy tarde. Ha sido un día duro, no hemos tenido ni un descanso para comer y las ganas de desfogarme en el campo se apoderan de mí. Dejo el coche en el único sitio que hay y aprovecho los metros que me separan del campo para leer el mensaje de Sam que tengo desde esta mañana.
Sammy
Me han echado del periódico
Mierda. Marco su número a todo prisa mientras corro por el aparcamiento de la universidad. No lo coge, así que le mando un mensaje rápido para que nos veamos esta noche, necesito saber qué ha pasado.
Giro la esquina y veo a los chicos repartiendo los petos. Eso de desfogarme tendrá que esperar, el entrenador odia que nos incorporemos a mitad de entrenamiento. Me siento en la parte baja de las gradas, saco mi libreta, un bolígrafo y dibujo el esquema de jugada que están ensayando. Hay algo que no termina de funcionar. No hay comunicación, no son un equipo y con la temporada más que empezada, esto es un problema. A mediados de octubre ya deberían conocerse, saberse las jugadas y no tener la necesidad de mirar antes de centrar. Debes tener la certeza de que alguien recibirá la pelota sin comprobar con tus propios ojos que tu compañero está ahí.
Repiten la misma jugada varias veces, el entrenador se desespera y deja que jueguen un partido mientras se sienta en los banquillos resignado. Aprovecho para acercarme y sentarme junto a él. Le extiendo la hoja.
—Decidiste no venir al partido contra los de Yale y hoy llegas tarde a entrenar. ¿Qué demonios haces aquí, Copper?
Ignoro sus preguntas y dejo la hoja entre los dos.
—Son las jugadas que podrían funcionar. Esos chicos no saben jugar en equipo, no se entienden y falta comunicación.
—¿Sabes lo que les falta de verdad?
Apoya una mano en mi hombro y me preparo para escuchar su discurso.
—Un capitán con carisma, que los ayude, que los guíe en este año. Joder, Alex, la mitad del equipo es nuevo. ¡Ni si quiera nos clasificaremos para el campeonato de primavera!
—Entrenador, no puedo venir a los entrenamientos todas las semana y como me lesione...
No puedo permitirme el lujo de dejar de trabajar. Necesitamos el dinero en casa, con el sueldo de mi padre, dos niños y una adolescente, a veces no llegamos.
—Lo sé, chaval. Hay otras responsabilidades para ti más importantes ahora mismo, no quiero ponerte en un compromiso. ¿Puedes al menos hablar con ellos? Va a venirles muy bien tener un referente, alguien en quien fijarse.
El pecho me da una pequeña sacudida al ver la derrota en su cara. Se deja la piel en cada entrenamiento y partido. Es de los mejores entrenadores que ha tenido la universidad.
—Si me das cinco minutos, me cambio y entro a jugar con ellos.
—Eso está hecho, Copper.
Se levanta animado acercándose al centro del campo para controlar el partido. No tardo nada en cambiarme, salgo con la energía corriendo por mi cuerpo, el stick me quema en la mano y no puedo evitar borrar la sonrisa que me tira de los labios. Esto es lo que me encantaría hacer durante el resto de mi vida.
El sonido del silbato me hace empezar a correr.
—¡Tenemos una nueva incorporación! Es un antiguo alumno de la universidad y el mejor capitán de la historia. Haced todo lo que os diga.
Me incorporo a uno de los grupos y veo que el entrenador se dirige hacia el otro para darle directrices. Nos situamos en un semicírculo, me miran atentos y ansiosos.
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Seremos Eternos
RomanceSamantha Hughes desde pequeña ha tenido muy clara su vocación, el periodismo. Su familia nunca se lo ha puesto fácil y tras enfrentarse a ellos, se aventura en una nueva vida con el peso de su pasado sobre sus hombros. Alexander Cooper tuvo una inf...
