Alex
No sé cómo gestionar todo esto. Se está escapando de mis límites. Yo no hago estas cosas, no investigo, ni me arriesgo. Es Sam la que se encarga de ello. Yo soy la lógica, lo premeditado y el que pone el freno cuando las cosas se desmadran. ¿Pero qué pasa si ya es demasiado tarde? ¿Si ya ha explotado todo?
Miro de nuevo el mensaje de Tim. Han pasado cuatro días y no puedo quitármelo de la cabeza. No les he dicho nada a Clarkson y a Frank para no preocuparlos, hoy es día de partido, jugamos contra los de Wyoming. Deberían haber anulado el partido por la desaparición de Carter Myers, sus compañeros tienen que estar pasando una mala época, pero la liga ha considerado que han pasado los días suficientes para poder jugar.
—Eh, Alex, ¿en qué piensas?
Estoy sentado en las gradas del campo de los de Wyoming, jugamos fuera de casa, y Ethan está junto a mí. No quería perderse este partido, es muy importante para la temporada y necesitamos ganarlo.
—Mira —le enseño el mensaje de Tim y empiezo a contarle todo lo que ha sucedido con él. —No me gusta esto, Ethan. ¿Y si Tim es otro de esos desaparecidos?
—Pero no enviaría esos mensajes, ¿no? Los chavales que han desaparecido no han dejado ningún tipo de señal. Tim sí que lo ha hecho. Además, su familia habría denunciado la desaparición y no lo ha hecho.
—Supongo que sí.
Me incorporo para quedarme de pie analizando el campo. La hierba está recién regada, comienzo a andar hasta las porterías y compruebo que las redes estén bien colocadas.
—Alex, no hemos hablado de Sam.
El cuerpo me da una pequeña sacudida quedándose clavado en el sitio. No puedo girarme hacia Ethan, mirarle a los ojos y suplicarle que no la mencione porque sería como gritar en voz alta que estoy peor que el primer día que pasamos separados. Que cuento las horas sin verla o que imagino en secreto lo que estará haciendo ahora mismo.
—No tenemos nada que hablar —susurro.
—No hablaremos si no quieres, pero mírame y contéstame a una pregunta.
Hago lo que me dice. Giro sobre mis talones para quedarme frente a él. Tiene las manos guardadas en los bolsillos haciéndolo parecer mucho más joven. Ha cambiado tanto en el último año que a veces me olvido de todo lo que ocurrió.
—¿Estás bien?
Esas dos palabras pueden provocar un huracán en tu interior, pueden hacerte explotar y son capaces de meterse en cada grieta que tengas. Y lo hacen. Viajan hasta llegar a los recuerdos que he intentado mantener bajo llave estas dos semanas sin Sam. Ya no hay comidas después de las prácticas, ni encuentros que duran diez minutos pero son el paraíso, ni visitas a mi casa que hagan a mis hermanos sonreír como hacía años.
Con Sam se ha ido una parte de mí que trato de encontrar.
—No sabía que se podía echar tanto de menos a una persona. ¿Sabes qué es lo peor?
Ethan niega con la cabeza acercándose un poco más a mí.
—El olor. Joder, es que se te mete dentro y no se va. Todo me huele a ella. Mis camisetas, mi almohada, cuando voy al supermercado y pasa por mi lado alguien que lleva su colonia. En ese momento, podría cerrar los ojos y, te prometo, que es como si la tuviera delante, como si pudiera volver a besarla. Y lo que más miedo me da es darnos cuenta de que no somos compatibles de verdad, que esto no es un punto y aparte, sino un punto final.
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Seremos Eternos
RomanceSamantha Hughes desde pequeña ha tenido muy clara su vocación, el periodismo. Su familia nunca se lo ha puesto fácil y tras enfrentarse a ellos, se aventura en una nueva vida con el peso de su pasado sobre sus hombros. Alexander Cooper tuvo una inf...
