26. Confía en mí

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Sam

Emma me prepara mi bebida favorita de Jessica's Coffe y se sienta frente a mí con su taza de café con hielo y un poquito de sirope de caramelo. A mi derecha tengo un tupper lleno de galletas que he hecho a primera hora de la mañana. Cuando siento que todo se desmorona, hago lo único que puedo controlar: las medidas de los ingredientes.

—Creo que no habéis podido tomar mejor decisión. Os estabais haciendo daño.

—Esa nunca fue nuestra intención. Deberías haberlo visto, Emma —intento que la voz no me falle esta vez—. Siento que lo he fallado, a él que tanto ha dado por mí.

Mi amiga se levanta para sentarse junto a mí. Rodea mis hombros y me pega a su costado.

—Cielo, tú también has hecho mucho por él, no debes infravalorarte. Date tiempo, Sam.

Tiene razón, no han pasado ni veinticuatro horas. No he parado durante las últimas semanas, envuelta en una espiral de trabajo, discusiones con Alex y un tiempo escaso para mí. Hay veces que estamos demasiado centrados en los demás como para preocuparnos por nosotros mismos. Miro a mi amiga con los ojos vidriosos dando gracias a quién sea que la pusiera en mi camino. A veces no hay nada mejor que un buen café, un sitio donde hablar tranquilamente y tu mejor amiga.

—¿Por qué siento que ahora mismo podríamos parar el mundo?

—Porque tú y yo somos invencibles, amiga.

Choca su café con el mío antes de darle un largo trago. Nos quedamos en silencio un poco más hasta que empieza a contarme los arreglos que ha hecho con Ethan en su apartamento. He estado tan liada que aún no he podido ir a verlo y empiezo a pensar un poco más en las palabras de Alex.

«¿Dónde entran tus amigos? ¿Dónde entro yo?»

—Lo siento.

Emma arruga el ceño sin entender mi disculpa.

—Siento no haberos ayudado, tendría que haber estado ahí moviendo cajas, pintando las paredes de vuestro cuarto y ayudándote a elegir la decoración.

Deja escapar una pequeña sonrisa, no quiere decirlo porque es demasiado buena, pero la he fallado, a ella también, y tengo que dejar de hacerlo. Puede que haya llegado la hora de empezar a hacer las cosas bien.

—Tengo la parte de la cocina sin amueblar. ¿Qué me dices? ¿Te apuntas a pasar una tarde entre menaje del hogar? —Es su forma de aceptar mis disculpas y remediar el problema.

—Claro que sí.

Nos pasamos ese domingo entre cubiertos, tiendas de muebles y el supermercado. Esa noche ceno con ella y Ethan en el salón de su apartamento que no puede ser más acogedor. La cocina y el salón se conectan, hay un pequeño pasillo a la derecha donde se encuentra su habitación, un baño y otra pequeña sala que han habilitado para Sophie, la hermana pequeña de Ethan, quien se piensa quedar todo el verano que viene allí porque tienen piscina.

Emma me invita a dormir con ellos, pero decido marcharme a casa. Me siento completamente exhausta a nivel emocional y a veces ese cansancio es mucho peor que el físico. Además, mañana es el primer día de oficina después de haberme colado en el archivo y haber descubierto en qué trabaja Owen cuando no está con mi hermano.

Tengo que estar preparada para todo.

***

Las cosas han cambiado. El ambiente entre los trabajadores es más tenso que antes, las miradas vuelan como cuchillos y lo único que se escucha son las teclas al ser presionadas con fuerza.

Seremos EternosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora