Sam
El latido de mi corazón bombea por todo mi interior, los pulmones arden y siento que de un momento a otro voy a estallar. Soy incapaz de controlar mi cuerpo. Las piernas se mueven con rapidez a medida que la cinta de correr aumenta el ritmo. No sé qué va más rápido si la cinta o yo.
—Otra más.
Es la voz de Jason que está junto a una mujer de mediana edad que controla una tablet. Me han monitorizado, supongo que para asegurarse de que no exploto, o al contrario, para llevarme hasta el límite.
—Jefe, creo que deberíamos descansar un poco. Su corazón va demasiado rápido.
—Aumenta otra velocidad más.
—No es bueno que...
—¿Quién manda aquí, Camila?
La mujer se muerde el labio para no decir nada más, pero me lanza una mirada de compasión que puedo ver por el rabillo del ojo hasta que la vista se me empieza a nublar. La cinta sube una velocidad más y me ayudo con las barras laterales para mantener el ritmo.
—Venga, Samantha, sé que puedes —murmura.
Una corriente eléctrica me atraviesa de arriba abajo. Comienzo a sentir un cosquilleo por los brazos que llega hasta las puntas de mis dedos y se van extendiendo por el cuerpo. Las piernas me van a fallar, puedo notarlo, al igual que Camila también.
—Jason, tenemos que parar.
Pero parece que no escucha. Me mira maravillado, como si tuviera delante lo que ha estado buscando estos años.
—No lo entiendes, Camila, un nivel más y habrá superado a todos. Es lo que llevábamos buscando todo este tiempo.
Es él quien aumenta el nivel. Los bordes de mi visión empiezan a oscurecerse, el pecho me duele y respirar se está convirtiendo en una tarea imposible. Mi mente quiere continuar, quiere ser suficiente para mi hermano, al igual que siempre he hecho con mi padre. Demostrarle al mundo que puedo hacer cualquier cosa, estar a la altura y no fallar.
—Eso es, sabía que no me ibas a defraudar, Samantha. ¡Chicos, pasad!
Dos enfermeros entran en la sala y se sitúan a ambos lados de la cinta que va perdiendo velocidad poco a poco. Estoy a punto de caer, las piernas me tiemblan y no puedo sostenerme en pie. Me agarran de los brazos para ayudarme a mantener el equilibrio.
—Id hacia la camilla.
Suelto un suspiro de alivio cuando me tumbo sobre algo blando y fresco. Empiezo a cerrar los ojos queriendo sumirme en esa oscuridad de paz y tranquilidad.
—Sam, no te duermas, eh, mírame —Camila se sitúa junto a mí—. Por favor, es muy importante que mantengas los ojos abiertos.
—No puedo —digo con voz pastosa. Tengo la garganta seca.
Ella se da cuenta y me ofrece un vaso de agua con una pajita.
—Eso es, cielo, lo has hecho genial —dice con calma apartándome el pelo de la cara—. No deberías haberlo hecho, esta va a ser tu condena.
Me entran ganas de llorar, Camilia acerca su brazo hacia mi mejilla para acariciarme con delicadeza y se encarga de limpiar el sudor que corre por mi frente.
—No podía no hacerlo...tengo que protegerle.
Parpadeo varias veces para mantener los ojos abiertos.
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Seremos Eternos
RomansaSamantha Hughes desde pequeña ha tenido muy clara su vocación, el periodismo. Su familia nunca se lo ha puesto fácil y tras enfrentarse a ellos, se aventura en una nueva vida con el peso de su pasado sobre sus hombros. Alexander Cooper tuvo una inf...
