Sam
—Creo que no hay mucho de mí que no conozcas trabajando con mi hermano. Seguro que el día de mi llegada pasó un informe por toda la red con mis datos.
Trato de bromear como si lo que estuviera diciendo no lo pensara de verdad, cuando en realidad, estoy segura de que me tienen completamente fichada.
—Veo que ya vas conociendo la forma de trabajar de la empresa. No todo el mundo se acostumbra.
—Me acostumbro, pero no la comparto. ¿Y tú, cómo llevas eso de estar vigilado?
Quiero poner la pelota en su tejado, saber más de él y apuntar cada dato que me proporcione para, después, poder contrastarlo.
—Me crie prácticamente vigilado. Madre soltera que se pasaba el día encima de mí para que no me pasara nada. Es una persona trabajadora que me enseñó la importancia de mantener a la gente que te rodea controlada.
Pone el intermitente para coger el primer desvío de la carretera. Giro la cabeza y lo miro detenidamente. No hay rastro de ningún tic nervioso que pueda desvelar que está mintiendo. ¿Hasta qué punto podré fiarme de él?
«Ten cuidado, Samantha».
—Yo pienso todo lo contrario. El control sobre la gente que está en un nivel inferior como en el caso de la empresa, es abuso de poder. Llevamos siglos intentando evolucionar en ese sentido y lo único que conseguimos es volvernos más primitivos. Si quieres controlar a la gente es porque escondes algo que nadie debe descubrir.
Chasquea la lengua y hace chocar una mano con su muslo como si estuviera aplaudiendo mientras con la otra mantiene la dirección del coche.
—Eres demasiado inteligente para esta empresa, Sam. ¿Qué estás haciendo aquí? Quiero la verdad.
No dudo, ni si quiera me lo pienso. Sus ojos me intentan analizar, pero el hecho de que esté conduciendo me da ventaja para poder expresarme sin su escrutinio constante.
—Me echaron de las primeras prácticas, no tenía donde ir y me ofrecieron esta oportunidad. No me lo convalidan con los créditos de la universidad, pero a estas alturas lo único que quiero hacer es periodismo.
Le cuento la verdad: lo mal que me trataban en las prácticas, el motivo por el que me echaron y la carta que recibí en mi casa sin saber a qué me iba a enfrentar. No soy tonta, así que emito toda la parte de mi padre que no le interesa.
—Se te ve una tía decidida a darlo todo por descubrir la verdad.
—¿Acaso no es esa la función de un periodista? Contar la verdad, luchar por las libertades de las personas y acabar con las injusticias.
—No somos dioses.
—Ni quiero serlo —respondo molesta—. No se trata de ser superior, Owen.
Vislumbro el primer cartel que anuncia nuestra llegada a Fort Collins. Miro el reloj y compruebo que vamos con tiempo de sobra, perfecto, podré llegar al partido de Alex.
—Yo no quiero ser superior, Sam, pero en este mundo hay una lucha constante de egos y muchas veces lo único que se puede hacer es asumir la realidad.
—¿Qué realidad?
—Que los malos ganan la mayoría de las veces.
Gira por la primera calle y aparca en el primer hueco que ve.
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Seremos Eternos
RomansaSamantha Hughes desde pequeña ha tenido muy clara su vocación, el periodismo. Su familia nunca se lo ha puesto fácil y tras enfrentarse a ellos, se aventura en una nueva vida con el peso de su pasado sobre sus hombros. Alexander Cooper tuvo una inf...
