12. Todo va a cambiar

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Sam

Siempre he tenido cierto respeto a Marlene, la directora del departamento de redacción y mi tutora de prácticas, pero nunca la había tenido miedo hasta esta misma mañana. Nada más entrar por la puerta con un café, escucho mi nombre ir de boca en boca. Algunos me saludan para, segundos después, darse la vuelta y hablar sobre mí.

Tras los últimos días pensando en Alex y en cómo ayudarlo con sus hermanos, lo último que me apetece es tener mala relación con mis compañeros. Llego hasta mi departamento, dejo el café sobre la mesa y me dispongo a encender el ordenador.

—No tan rápido —la voz de Lindsay me frena—. Marlene quiere hablar contigo. ¿Pensabas que se le había olvidado el artículo y la hoja de sugerencias que dejaste sobre su mesa? Jamás una becaria nos ha dado tantos dolores de cabeza.

Escupe la palabra becaria como si fuera veneno.

—Si no fuera por los becarios, la mitad de las empresas no saldrían adelante. Os aprovecháis de gente desesperada y joven que lucha por hacerse un hueco en el mundo laboral a cambio de pagarles lo mínimo mientras vosotros os enriquecéis a nuestra costa. Tú también fuiste becaria, Lindsay. La humildad nunca viene mal, ¿has probado alguna vez a ser más considerada?

El departamento se calla por completo y Yanet, mi compañera que se sienta al lado, me mira con la boca abierta. Puedo vislumbrar un atisbo de sonrisa por el rabillo del ojo, pero la voz rotunda de Marlene corta la tensión del momento.

—Samantha, ¿puedes venir un momento a mi despacho?

Asiento en su dirección y empiezo a caminar con la cabeza bien alta. No hay nada que más rabia dé al enemigo que la indiferencia. Marlene cierra la puerta después de ella, me indica que me siente en la silla frente a su escritorio y me tiende el artículo de Lindsay corregido por mí.

—¿Por qué?

Contengo la respiración. Ha llegado la hora de no callar nada más.

—Porque no pude reprimir la necesidad de revisarlo. En la universidad me enseñaron a trabajar en equipo, el trabajo pasa por todos, se hacen mejoras, se ponen ideas en común y se discuten. Pero de la teoría a la práctica hay más cambio del que pensaba.

—No tenemos tiempo para esto, Samantha. ¿Cómo van a pasar todos los artículos por tantas personas? Es trabajar el doble.

Niego con la cabeza discrepando.

—Para mí, Marlene, es enriquecerlo. Entiendo que no pueda pasar por todo el mundo, ¿pero por las personas de este departamento? Quizás deberíamos centrarnos más en la calidad de los artículos que en la maquetación.

Cruza los brazos por encima de su pecho mientras me mantiene la mirada.

—Lindsay ha hablado con Recursos Humanos y te van a penalizar. No puedes pisar el trabajo de la gente de esta manera. Así no vas a llegar a nada. Nadie del departamento ha negado lo contrario, así que me temo que tus prácticas en USA Today han finalizado.

Los brazos caen a ambos lados de mi cuerpo sin asimilarlo.

—He hecho todo lo que me habéis pedido. Voy a por el correo, me paso los días detrás de la gente de maquetación para que envíen todo a tiempo, intento aportar ideas, pero aquí nadie escucha a los demás. ¿Alguien se ha dado cuenta de las estadísticas que nos han enviado del departamento de comunicación? Las ventas han disminuido y los lectores online se están dando de baja. Tenéis los días contados si no hacéis nada por evitarlo.

Me levanto del asiento regocijándome un poco en la cara pálida de la directora. Si me van a echar por esto, quiero que sepan todo lo que pienso para que a la próxima becaria que contraten la valoren mucho más.

Seremos EternosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora