Sam
Me levanto esa mañana del sábado con un titular nuevo en todos los periódicos. Ha desaparecido un chico de dieciocho años en Wyoming. Se ha denunciado la desaparición esta madrugada, al parecer el chico salió del entrenamiento de lacrosse y no ha vuelto. Lo apunto en mi lista junto a los demás chicos, todos cumplen las mismas características: atletas, recién entrados en la universidad y con un currículum impecable. Todo el mundo dice que se fugan de casa, en unos días vuelven y todo queda en un susto. ¿El problema? Que ninguno de esos chicos ha vuelto. Los casos se han ido acumulando sin una respuesta de sus paraderos.
Preparo un café bien cargado, me siento en el sofá y cojo el portátil dispuesta a navegar cada noticia. El timbre suena cuando doy mi primer trago al café. No sabéis cómo me molesta que me interrumpan. Abro la puerta y me encuentro a mi padre. Trajeado, manos en los bolsillos y unas marcas moradas bajo los ojos.
—Tenemos que hablar.
Me hago a un lado para que pueda pasar. Nos acomodamos en la isla de la cocina, le preparo un café y se deja caer en una de las sillas derrotado.
—¿Algún avance? —pregunta serio y yendo directo a lo que le interesa, sin ningún saludo de por medio.
—Nada, esas oficinas son un maldito bunker. No puedo hacer nada sin que me vigilen.
—Lo suponía —responde abatido.
Su máscara de seguridad se va rasgando poco a poco dejándome ver a alguien completamente diferente. Saca su teléfono móvil del bolsillo y marca un número.
—Necesito que desactives cualquier dispositivo electrónico de las oficinas hoy a las cuatro —responden algo al otro lado del teléfono y él suspira—. Mínimo una hora, es muy importante.
Hablan algo más que no consigo descifrar y a mí se me empieza a acelerar el corazón porque estoy intuyendo lo que quiere que haga.
—Gracias —dice antes de colgar.
Se toma su tiempo para beber un trago de café antes de mirarme.
—Vamos a deshacernos de la seguridad del edificio hoy de cuatro a cinco. Tienes que entrar ahí y sacar lo que necesites para inculpar a tu hermano.
—No es tan fácil, papá. No sé dónde guardan esa información.
—Pues dispones de una hora para hacerlo.
—¿Y qué pasa con los guardias de seguridad? Tienen vigilancia las veinticuatro horas del día. Además tienen sistema de emergencia, si notan cualquier cosa extraña, no tardarán en aparecer. Me van a pillar.
—Mis hombres se encargarán de ellos. No hay otra opción. Tu hermano se ha ido de viaje y es el mejor momento.
—¿Y cómo sabes eso?
—¿Te crees que eres la única infiltrada? Todavía hay socios leales a mí. Controlo los movimientos de Jason, sus cuentas y sus actividades. Ni se imagina lo que le espera a la vuelta de la esquina —pronuncia victorioso, como un águila que vigila a su presa a kilómetros de distancia esperando el momento adecuado para atacar.
—Es tu hijo.
—Ante la traición, los lazos de sangre se pierden, hija.
—Si tienes tan claro su final, ¿para qué me necesitas?
—Porque me falta la pieza clave. ¿Dónde va a parar todo el dinero que recibe? Ahí es donde se encuentra el crimen de verdad. Todo lo demás son daños colaterales.
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Seremos Eternos
RomanceSamantha Hughes desde pequeña ha tenido muy clara su vocación, el periodismo. Su familia nunca se lo ha puesto fácil y tras enfrentarse a ellos, se aventura en una nueva vida con el peso de su pasado sobre sus hombros. Alexander Cooper tuvo una inf...
