Sam
Compruebo la hora una vez más. En cinco minutos voy a entrar por esa puerta para descubrir toda la verdad. Alex apoya las manos sobre mis hombros para obligarme a avanzar. Aunque me hayan citado solo a mí, él se ha negado a dejarme sola. Mejor dicho, llevamos una semana pegados el uno al otro. Hemos sido incapaces de permanecer separados durante más de dos horas. De hecho, he estado viviendo con los Copper todos estos días.
Sé que no es la mejor opción para superar todo lo que ha pasado y que no debería depender de nadie, pero la realidad es que vivo sola. No podía obligar a Emma a dejar su trabajo para cuidarme y la mejor opción era irme a pasar unos días con Alex. Sus hermanos también insistieron en ello y su padre me trata como una hija más. Me he centrado en descansar, aclarar mi mente y recopilar toda la información de la investigación para presentársela a la policía. No tardarán en tomarnos declaración. Mientras tanto, Alex entrenaba su físico en casa y algunas tardes lo acompañaba al entrenamiento de lacrosse. Solo faltan tres días para las pruebas de los Mammoth, pero primero había que enfrentarse a la realidad más dura.
—¿Estás preparada?
Alex se detiene frente a la puerta con una mano en el picaporte y la otra en mi brazo.
—Hagámoslo de una vez.
El vestíbulo se abre paso ante nosotros. Nunca imaginé que las instalaciones del FBI estarían a la vista de todos, pero a la vez, acechando en las sombras del centro de la ciudad. Desde fuera, parece un edificio normal de viviendas y una vez que pasas el vestíbulo, es un verdadero centro de operaciones. El guardia de seguridad nos acompaña hasta una sala de espera donde esperamos a que mi padre venga a por nosotros. Observo nuestro alrededor. Los tonos neutros se funden con el azul oscuro de las paredes. Todo parece estar perfectamente estudiado. Da una sensación de paz, de que aquí dentro se paraliza el mundo y estás a salvo.
—Samantha.
Me giro al escuchar la voz de mi padre. Es la primera vez que lo veo desde que apareció para salvarnos. Parece que ha envejecido en esta semana. No lo recordaba con los hombros caídos y la cara más delgada. ¿Habrá estado tan atormentado como yo?
—Muchas gracias por venir. Podéis pasar por aquí —señala el pasillo que queda justo detrás de él.
Nos encaminamos por él hasta llegar al final donde nos recibe una sala alargada con una mesa enorme y varias sillas a los laterales. Hay cuatro botellas de agua sobre la mesa. Ahora mismo solo somos tres. Sé quién es la persona que falta.
—Pasa, por favor —le indica mi padre.
Owen aparece ante nosotros con los brazos escondidos en los bolsillos de su sudadera y un aspecto mucho más juvenil. Es el primero en tomar asiento haciéndolo en el otro extremo de la mesa. Mi padre se sitúa junto a él y nosotros lo hacemos justo en frente. Dejo la mirada clavada en la botella de agua sin ser capaz de formular ninguna pregunta. Llevo un día entero pensando en este momento, ordenando mis pensamientos y estableciendo un hilo argumental de todo para no dejar ninguna parte de la historia en el aire.
Pero es como si todo se hubiera borrado de mi mente y lo único en lo que puedo pensar es en el principio de todo esto.
—¿En qué momento me convertí en un objetivo?
Mi padre no se esperaba esa pregunta. Lo veo removerse incómodo en su sitio sin saber qué responder, así que decido lanzar otra pregunta más.
—¿Cuándo tenías pensado decirme que me ibais a usar? Podríais haber tenido la decencia de hacerme partícipe del plan o haber dejado a Alex y a su hermana fuera de esto.
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Seremos Eternos
RomanceSamantha Hughes desde pequeña ha tenido muy clara su vocación, el periodismo. Su familia nunca se lo ha puesto fácil y tras enfrentarse a ellos, se aventura en una nueva vida con el peso de su pasado sobre sus hombros. Alexander Cooper tuvo una inf...
