30. Lo mejor de mi vida

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Alex

Dejo caer el stick nada más escuchar el pitido final del partido. Ha sido uno de los más duros que he tenido que jugar en mucho tiempo. La violencia de las faltas, la rapidez del juego y los comentarios constantes para empezar una pelea nos han dejado exhaustos. Clarkson se acerca a mí con una sonrisa que ilumina su cara entera.

—Menudo partidazo —exclama antes de abrazarme.

—A partir de ahora, quiero que juguemos así siempre.

Algunos rivales se acercan a darnos la mano y felicitarnos mientras otros se limitan a mirarnos desde el banquillo con cara de pocos amigos. Veo a Marvin acercarse a nosotros.

—Será mejor que te vayas —susurro a Clarkson.

No quiero que se vea involucrado en nada de esto. Se va hacia el túnel de vestuarios, no intercambia ninguna mirada con él y yo respiro profundo para canalizar la paciencia que me queda.

—¿Cuál es tu truco?

Es lo primero que me pregunta.

—Concentración y no caer en vuestro juego.

Suelta una carcajada como si acabara de escuchar el chiste más gracioso del mundo. Miro por encima de su hombro, aún quedan varios jugadores sobre el campo, pero las personas han empezado a irse excepto Sam que nos mira con detenimiento.

—¿Qué quieres, Marvin?

—Ha llegado a mis oídos que vas a hacer las pruebas de acceso a la NLL. En los Mammoth necesitan a alguien como tú, joven, rápido y fuerte. Te van a coger, ¿y sabes por qué? —Se acerca peligrosamente a mí—. Porque puedo hacerlo posible. Al igual que puedo hacer que ni si quiera llegues a esas pruebas.

—¿Me estás amenazando?

—En absoluto, te estoy informando de una realidad —encoge sus hombros antes de seguir hablando—. Podemos hacer grandes cosas, Copper.

No debería escucharlo. Esto es lo último que necesito para mi carrera.

—Nunca haré nada contigo, Marvin. Adiós.

Paso por su lado haciendo que nuestros hombros se rocen. Miro hacia las gradas para ver a Sam descender hasta quedar a la altura del túnel de vestuarios esperándome. No queda nadie más allí. Su entrecejo está arrugado y no deja de observar a Marvin.

—¡Dale recuerdos a Tim de mi parte! No he olvidado lo que me debe —grita haciendo que Sam también lo escuche.

Sin aguantarlo más, empieza a caminar hacia mí con rapidez.

—¿De qué iba todo esto? ¿Qué te ha dicho?

—Me cambio y nos vamos de aquí.

Sam no me contradice, sabe que es lo mejor, después de lo que ella ha visto en el aparcamiento y de la charla con Marvin, cuanto antes nos vayamos de aquí mejor. Entro en los vestuarios donde mis compañeros celebran la victoria, incluso Frank tiene una sonrisa en el rostro a pesar de haberse lesionado.

—¿Qué te han dicho? —pregunto acercándome a él.

—Es muscular, un par de semanas y estaré como nuevo.

Menos mal, no creo que podamos permitirnos otra baja después de la de Tim. Nos duchamos y cambiamos recordando algunas de nuestras mejores jugadas de hoy, el entrenador se relaja junto a nosotros y da un pequeño discurso que motiva a los chicos. No hay nada más reconfortante después de un partido que esto, el ambiente feliz del vestuario, las sonrisas de los jugadores y un cansancio placentero que recorre el cuerpo. Me acerco al entrenador que recoge las fichas de los jugadores que ha dejado al árbitro.

Seremos EternosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora