5. Táctica de la impresora

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Presente

Septiembre, último año de universidad

Sam 

No está ocurriendo nada de lo que me prometieron. Suele pasar en muchas ocasiones. Esperas meses para empezar en el trabajo de tu vida, ese en el que por fin te sientes realizada y ves que el esfuerzo ha merecido la pena. Bueno, pues perdona que te diga, pero todo es un cuento de hadas. O al menos lo es en mi caso.

Yo había firmado por unas prácticas que, cito textualmente, "son una gran oportunidad a nivel personal y laboral, puedes establecer una buena red de contactos y una posibilidad de quedarte una vez haya acabado tu convenio con la universidad". Ahora lo vuelvo a leer y sí que suena a cuento de hadas. A promesa que nunca llega. A esa vocecita que se queda clavada dentro de ti mientras te repite una y otra vez: "te lo dije, la primera opción siempre es la mejor".

Exacto, esta no fue mi primera opción, ni si quiera en la que me cogieron. Justo antes de empezar en Denver Post, uno de mis profesores me mandó un email con una nueva oferta de prácticas en la sucursal de Denver de USA Today, uno de los periódicos más importantes a nivel internacional y que se encargaba de cubrir las noticias de nuestro estado.

No lo pensé dos veces, redacté una carta de motivación donde me presentaba a mí misma, mis ambiciones y lo que esperaba conseguir con todo esto. Añadí el artículo que me publicaron en el New York Times tras una investigación bastante intensa. Me llamaron para hacer la entrevista a las dos semanas de haber enviado todo; y un mes más tarde, aquí estoy, sentada en frente del ordenador esperando a que las horas de mi jornada laboral pasen.

Y seguramente os estéis preguntando si me pagan. Pues sí, me dan un pequeño sueldo a modo de ayuda al estudiante, pero sinceramente, se lo pueden quedar. Prefiero poder hacer un trabajo que me llene, aplicar todo lo que he estudiado durante cuatro años y sentirme realizada, a ver cómo el mundo avanza a mi alrededor y yo me quedo parada sin tener una mínima oportunidad de participar.

―Sam, ¿puedes bajar a maquetación y preguntar por el número que sale el lunes? No tenemos noticias de ellos y la directora necesita el primer borrador ya.

Me levanto como un resorte de la silla.

―Ahora mismo, ¿necesitas algo más?

Espero que la desesperación no se note demasiado en mi tono de voz. Lindsay lanza una mirada de compasión en mi dirección negando con la cabeza.

―Con cualquier cosa te aviso.

Asiento a modo de despedida y bajo por las escaleras para moverme un poco, para dejar que la frustración se escape por los poros de mi piel. Mientras camino por las oficinas, observo a la gente. Me sale por naturaleza y, cuando lo hago, imagino sus vidas. ¿Quién les esperará al llegar a casa? ¿Estarán casados o son almas libres sin compromiso? Aunque últimamente hay una pregunta que se repite con más frecuencia, ¿qué se siente al ser productivo en el trabajo?

Yo aún no puedo responder a eso, una lástima porque me daría para escribir más de un artículo con ello.

Entro en el departamos de maquetación y vislumbro a Robin detrás del ordenador tecleando a gran velocidad. Maldita sea, el sonido de las teclas es música para mis oídos si soy yo la que tecleo. Cuando lo hacen otros, lo único que oigo es el trabajo que me falta, que no tengo y la desilusión subiendo por mis venas.

Seremos EternosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora