Sam
Dos semanas. No ha ocurrido nada en estos últimos catorce días y mi instinto empieza a preocuparse. Adaptarse a la rutina ha sido de lo más sencillo. Entro a las nueve, salgo a las cinco con una hora para la comida y un descanso de treinta minutos durante la mañana para tomar un café. El sueño de cualquiera, ¿verdad? Pues para mí no, porque se suponía que esto iba a ser una investigación para mi padre y, sin embargo, se está volviendo en un trabajo monótono.
—Quiero que vayáis a ver el barrio. Sabes dónde está, ¿verdad?
Nadie responde. Mierda. Levanto la cabeza de los apuntes que he tomado de la reunión y veo cómo mi hermano me mira con una ceja alzada.
—¿Sabes dónde está Fort Collins, Samantha?
—Sí.
Como para no saberlo si es donde vive Alex.
—Perfecto. Owen te acompañará, necesito fotografías y un informe de los alrededores. Lo quiero para finales de esta semana —anuncia Jason antes de dar por concluida la reunión.
Se han seleccionado varios terrenos de la lista que hicimos Owen y yo, de los cuáles no se contemplaron ninguna de mis opciones porque eran demasiado caritativas. En esta empresa lo que se busca es el dinero, no la colaboración. Es algo que he tenido que aprender a la fuerza.
—¿Qué día te viene bien?
Owen se sitúa junto a mí cuando salimos de la sala de reuniones.
—Tengo todas las tardes libres.
—¿Te parece bien el sábado y luego nos tomamos algo?
Me quedo clavada en mitad del pasillo asimilando su pregunta.
—¿Tomar algo?
—Sí, nos vemos todos los días y no sé nada de tu vida. Creo que deberíamos empezar a dejar la vida laboral de lado. Nos quedan muchos meses por delante y una buena relación aumentaría nuestro rendimiento de trabajo.
Siempre que habla te atrapa. Es por la forma que tiene de explicar las cosas, tan sereno y correcto. No lo he visto nunca levantar la voz, ponerse nervioso o estresarse. Viste elegante todos los días. Se toma el café a la misma hora. Tiene un modus operandi propio cada vez que se sienta en su mesa a trabajar. Es tan meticuloso que hasta roza la perfección, pero tiene que haber algo que no controle y las ganas de descubrirlo me llevan a aceptar la propuesta.
—Me parece bien.
Nos separamos en el ascensor. Él baja por las escaleras para hacer una parada en el departamento de edición y yo me monto en el ascensor para bajar a la segunda planta. Antes de que las puertas se cierren, Jason se cuela en el cubículo.
—Quería hablar contigo —dice dándome una carpeta marrón— necesito que redactes un aviso de última hora para dentro de treinta minutos. La policía va a intervenir en un local donde se hospedan algunos de nuestros suscriptores esta noche y tenemos que preparar un operativo para desalojar.
Abro la carpeta y veo informes policiales sobre la intervención. Está prevista a medianoche cuando la actividad en el interior esté en su punto de máximo apogeo y el personal de seguridad se haya unido a la fiesta.
—Pero...
—No quiero tu opinión, Samantha. Quiero tu trabajo. Lo necesitamos ya, no hay tiempo que perder.
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Seremos Eternos
RomansaSamantha Hughes desde pequeña ha tenido muy clara su vocación, el periodismo. Su familia nunca se lo ha puesto fácil y tras enfrentarse a ellos, se aventura en una nueva vida con el peso de su pasado sobre sus hombros. Alexander Cooper tuvo una inf...
