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La mañana del cumpleaños de Erina llegó con un aire especial. Aunque el resto de la base parecía seguir su rutina habitual, los miembros de la Liga de Villanos estaban más que emocionados por la sorpresa que habían preparado para la pequeña. Shigaraki había pasado las últimas horas ultimando los detalles, asegurándose de que todo fuera perfecto.
Erina, ajena a lo que estaba por venir, despertó con una sonrisa radiante, aunque sin entender por qué todos parecían más secretos de lo habitual. Saltó de la cama y corrió por la base, buscando a su padre como lo hacía cada mañana.
—¡Papá! —gritó mientras entraba corriendo en la habitación de Shigaraki.
Shigaraki, que había estado esperando este momento, la levantó en brazos con una sonrisa, algo poco común para él, pero que siempre reservaba para su hija.
—Feliz cumpleaños, Erina. —le susurró al oído.
La pequeña lo miró sorprendida. —¿Es mi cumpleaños?
Shigaraki asintió y le acarició el cabello. —Sí, princesa. Y tenemos algo muy especial para ti.
Erina parpadeó, curiosa y emocionada. —¿Algo especial?
—Ven conmigo. —dijo Shigaraki mientras la ponía de pie en el suelo, tomando su mano. La niña lo siguió, saltando ligeramente de emoción mientras caminaban hacia la gran sala de la base.
Cuando llegaron frente a la puerta, Shigaraki se detuvo y miró a su hija con una sonrisa contenida. —Cierra los ojos, Erina.
Ella lo miró por un momento, dudando, pero obedeció, cerrando fuertemente sus pequeños ojos mientras apretaba la mano de su padre.
Shigaraki abrió lentamente la puerta, y al instante, un sonido alegre y festivo llenó el aire.
—¡Sorpresa! —gritaron todos al unísono.
Erina abrió los ojos, y lo que vio la dejó completamente sin palabras. La habitación estaba decorada con globos de colores, serpentinas que colgaban del techo, y un gran cartel que decía: "¡Feliz Cumpleaños, Erina!". En el centro de la sala había una mesa enorme con un pastel tan grande que apenas podía creerlo. Encima del pastel había una figura de una princesa, muy parecida a ella, con una corona brillante.
Los villanos, todos ellos, estaban allí con sonrisas divertidas en sus rostros. Dabi, Toga, Twice, Kurogiri, y hasta Mr. Compress, cada uno de ellos había contribuido de alguna manera para que este día fuera especial.
Erina miró todo con los ojos muy abiertos, asombrada por la sorpresa.
—¿Esto es para mí? —preguntó, maravillada.
—Por supuesto. —respondió Dabi, acercándose con una sonrisa en su rostro. —Todo esto es para ti, enana.
Toga se acercó rápidamente y le puso una pequeña corona de papel en la cabeza. —¡Hoy eres la princesa de la Liga de Villanos! —dijo riendo.